Lavín era el candidato de derecha en  las presidenciales de 2009 y, hacia el fin de la campaña, se trasladó del “Sí” al “No”, que era el símbolo de la izquierda y de su candidato Lagos, y nos dejó a sus partidarios “marcando ocupado” y sin saber qué pensar. Después de eso dijo e hizo tantas cosas sorprendentes en una figura supuestamente de derecha, como declararse “bacheletista-aliancista”, es decir, de gobierno y oposición a la vez, que en una oportunidad la Evelyn Matthei no se pudo contener y comentó: “Es la última tontera de Lavín”

Pero no fue la última. Lavín siguió ganando elecciones como alcalde porque era bueno como tal y no había otra figura alternativa nominalmente de derecha, pues realmente él ya no lo era. Es que se le perdona mucho porque es buena persona, a diferencia de Piñera, que también se va constantemente para el otro lado pero es capaz de todo. Lavín, además, es un poco ingenuo, como que una vez confesó usar un cilicio para atormentarse y no ser tan inmoralmente feliz. En otra oportunidad confidenció paladinamente que se había convencido de que para alcanzar el poder era preciso abrazar las ideas de los adversarios, lo que ahora está abiertamente practicando. Tanto que cree, según declaró ayer a “El Mercurio”, que Chile deberá instituir una “comunitarismo del siglo XXI”, cosa que nadie sabe en qué consiste, porque los DC estuvieron todo el siglo XX tratando de definirlo y no les alcanzó.

Ayer, además, Lavín hizo una confesión adversa a la sociedad libre y proclamó la necesidad de ir a “otro modelo”. Ante eso, ha llegado la hora de plantearse que ya no es una figura de derecha sino de franca izquierda. Yo, como elector, me pregunto si mi partido, Fuerza Nacional, alcanzará a formarse para llevar otro candidato a alcalde en Las Condes y poder votar por él. O, por último, los Republicanos podrían ofrecernos otra opción. Porque Lavín, además de promover “otro modelo”, está por el “Apruebo”, como la izquierda, y aspira a un Chile “más pobre”, de modo que podría perfectamente suscribir el convenio entre el Papa argentino Francisco y el presidente argentino Alberto Fernández para construir una “Argentina más pobre, más primitiva y más igualitaria”. Aunque no lo van a poder hacer, porque a Fernández ya se le acabó la plata de los demás –como a todos los socialistas– y está en default e imprimiendo billetes como loco, de modo que se le viene la “híper” y los argentinos van a clamar por un Pinochet.

Por suerte nuestras ideas de derecha son definidas y permanecen incólumes, aunque Lavín las haya abandonado. Agradezco a Jorge Reyes haber aportado al whatsapp del Club de los Viernes de derecha (hay otro de centroderecha) la grabación del siguiente discurso de Margaret Thatcher en 1979, que las resume como nadie y en sólo ocho líneas:

“Algunos socialistas parecen creer que las personas son números en un computador estatal. Nosotros creemos que son individuos. Todos los individuos somos distintos. Nadie, gracias a Dios, es enteramente igual a otro, aunque los socialistas parezcan pensar de otro modo.

“Creemos que todos tenemos derecho a ser desiguales. Pero para nosotros todas las personas son igualmente importantes.

“Cada ser humano tiene derecho a trabajar en lo que prefiera, a gastar el producto de su trabajo como quiera, a adquirir derechos de propiedad y a que el Estado esté a su servicio en lugar de ser su patrón.

“Ésa es la esencia de la economía libre. Y de esa libertad dependen todas las demás”.

Esas ideas, que parecían tan radicales cuando Margaret Thatcher las expuso en 1979, las había llevado a la práctica un solo gobierno en el mundo: la Junta Militar chilena, que en 1973 había emprendido una revolución libertadora cuya importancia mundial fue equivalente a la de la Revolución Francesa en su tiempo o a la de la Revolución Rusa en el suyo. Pero en el caso de la chilena fue para beneficio y no para retroceso o sufrimiento de la Humanidad. Y, como reconoció el pensador inglés Niall Ferguson muchos años después, “los militares chilenos fueron los primeros; Thatcher y Reagan vinieron después”.

Por eso cuando Thatcher y Reagan llegaron al poder hicieron lo mismo que Pinochet y la Junta: dieron más libertad económica a sus pueblos, y de ahí salieron fortalecidas todas las demás libertades. Y sus países se beneficiaron del modelo de la libertad y ahora, pasada la pandemia, lo van a volver a hacer.

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