Mi suegra falleció y entonces, explicablemente, dejó de pagar su cuenta de VTR, que estaba a mi nombre porque, cuando hace años se generalizó el cable y ella sólo tenía TV abierta, yo me ofrecí a contratarle el servicio y, para evitarle trámites “presenciales”, puse su cuenta a mi nombre.

Hace seis meses fui a la oficina de VTR en la calle Gilberto Fuenzalida (un capellán aficionado al fútbol, popular en mi adolescencia) con Las Condes y me atendió un señor muy amable. Me dijo que, además de suprimir el cobro por mi suegra, por supuesto, me iba a rebajar lo que yo estaba pagando por mi propia cuenta, pues tenía alternativas más baratas. No entendí bien su explicación porque en ese momento un defensor del Gobierno Militar me estaba felicitando efusivamente y describiéndome el grado de maldad de los que ilegalmente metían presos a los militares que habían derrotado al terrorismo entre 1973 y 1990, y yo entendía mucho mejor sus consideraciones que las del funcionario de VTR. Me limité a emocionarme con la promesa de éste de rebajar mi cuenta, además de no seguir cobrándome la de mi suegra. Ambas en ese momento sumaban 85 mil pesos mensuales y se pagaban con descuento automático.

Debo decir que me pareció generoso y pensé en lo injusta que es tanta gente que reclama contra “los abusos de las empresas”.

Pero, en el hecho, cuando me llegó la siguiente factura de VTR, el monto no sólo no había bajado, sino que, de pagar 85 mil pesos con la de mi suegra incluida, pasé a pagar más de $ 90 mil con ella descontada y hechas las rebajas que me ofreció el gentil funcionario. Pero no reclamé, no mandé carta a Línea Directa ni hice nada y me resigné a mi suerte, porque temí que si iba de nuevo a Gilberto Fuenzalida con Las Condes me podrían ofrecer más descuentos y mi factura mensual podría pasar de cien mil pesos. Además, estoy principalmente preocupado de los grandes problemas del país desde hace muchos años. Entonces opté por seguir pagando callado y sumiso.

Claro, cuando vi a fin de año un millón de personas en la calle reclamando “contra los abusos”, no voy a negar que pensé ir con una pancarta diciendo “VTR me engañó”. Pero después recapacité y concluí que sólo iba a “hacer número” en favor de los comunistas que estaban destruyendo el país. 

Entonces sucedió la semana pasada que VTR volvió a emocionarme, pues me mandó un correo electrónico diciéndome que no iba a cobrarme el Canal del Fútbol. En realidad, es elemental, porque ya no hay fútbol. Pero, de todos modos, me conmovió otro poco y me pareció generoso, porque si me lo hubieran seguido cobrando yo tampoco habría hecho nada, por estar, como dije, absorbido por los grandes problemas nacionales.

Hasta que me llegó la última cuenta, también sin la de mi suegra y con las rebajas ofrecidas el año pasado y, además, descontado el canal del fútbol, pero subió mucho: ascendió a 112 mil pesos, es decir, aumentó como veinte mil pesos más. No sé dónde irá a parar esto.

Se comprenderá el temor que tengo a pedirle a VTR que me haga nuevas rebajas, porque si no hubiera hecho nada, absolutamente nada y hubiera seguido preocupado sólo de los grandes problemas nacionales y pagando distraídamente la cuenta de mi fallecida suegra, sin ningún “generoso descuento”, me estaria ahorrando 27 mil pesos mensuales.

A veces la cómoda e indolente decisión de “no hacer nada” y seguir dedicado a salvar al país y nada más, puede resultar, en definitiva, la mejor.
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