Si usted no sabe quién fue Heriberto Novoa, quiere decir que no es un ciudadano apto para ejercer el derecho a sufragio debidamente informado.

Heriberto Novoa era un carabinero de guardia en la Llama de la Libertad, en la plaza Bulnes, en mayo de 1980. Ese mes el MIR, grupo inspirado en el marxismo-leninismo, había asaltado tres sucursales bancarias y estimó que debía culminar su tarea asesinando al servidor del orden que custodiaba la Llama, y le dio muerte a tiros, a mansalva. Hoy es un héroe nacional no reconocido, olvidado.

Heriberto Novoa murió porque no hay nada que motive más el ejercicio de la violencia marxista-leninista que el imperio de la libertad, pues los que profesan el comunismo se proponen suprimirla en todas las instancias de la sociedad. 

Por eso el asesinato de Heriberto Novoa fue simbólico: custodiaba lo más representativo del régimen militar, nuestra salvación en 1973 de perder nuestra libertad y el testimonio de lo más valioso que ese gobierno legó al país: una sociedad libre. 

En efecto, bajo ese régimen los chilenos fueron recobrando sus libertades de trabajo, de elección diaria, de educación, de salud, de transporte, hasta culminar con la libertad política y electoral que les brindó el articulado permanente de la Constitución de 1980, a partir del 11 de marzo de 1990. Todo ello hizo posibles después treinta años de estabilidad y progreso que llegaron a su fin el 18 de octubre de 2019, cuando la Revolución Totalitaria Roja, de signo contrario, aprovechándose de un gobernante débil, sin convicciones, sin personalidad y listo para rendirse al primer embate, puso final violento al mejor período de nuestra historia independiente.

Hoy tenemos los testimonios directos de la pérdida de libertades con lo que sucede en la Araucanía, oyendo las grabaciones de una propietaria llorosa que debe abandonar su predio en medio de la agresión extremista y sin recibir el menor auxilio de la fuerza pública, poniendo así de manifiesto el amplio abandono de deberes en que ha incurrido Sebastián Piñera, cuyo gobierno ha dejado por completo de velar por los derechos básicos de los ciudadanos libres. Leer las cartas sobre la Araucanía en “El Mercurio” deja un vacío. ¿Alguna recuerda que en 1990 era una región próspera, agradecida del Presidente que había dado títulos de propiedad sobre 400 mil hectáreas y que en el plebiscito de 1988 había votado mayoritariamente “Sí”? ¿Alguien siquiera se ha preguntado por qué pasaba todo eso entonces, tan distinto de lo que sucede hoy?

Cuando comenzaba a escribir estas líneas me llamó el encargado agrícola de una propiedad de mi cónyuge para comunicarme que un sujeto ha entrado al predio pisoteando almácigos, acompañado de un gran perro y, ante su requerimiento de que no haga daño y la advertencia de que se trata de una  propiedad privada, le ha respondido altaneramente que él tiene pleno derecho a ingresar ahí, como si supiera exactamente lo que está pasando en Chile, es decir, que no hay gobierno ni autoridad. Pasa en la Araucanía y está comenzando a pasar en todo Chile. 

En este momento, desde Maipú hasta Santiago, hay numerosos predios particulares tomados, “nuevos campamentos”. Y lo más sorprendente es que la mayoría de los tomadores son haitianos, colombianos y venezolanos, entrados en la oleada que admitió la excomandante Claudia en sus últimos meses de mandato.

Los que ignoran quién fue Heriberto Novoa y, por tanto, carecen de conocimientos adecuados para emitir un “voto informado”, deberían haber reparado en la importancia que tuvo el restablecimiento del derecho de propiedad, de la libertad de iniciativas y de la entrega a particulares del derecho a fundar entidades educacionales, centros de salud privados y demás libertades. Recuérdese que los propios partidarios de regímenes liberticidas, como lo son, en particular, los comunistas, aprovecharon las libertades que les brindaba la Revolución Militar para fundar colegios y universidades comunistas. Así, fundaron a Universidad Arcis, aunque después la esquilmaron, defraudando a sus estudiantes. Los comunistas también fundaron el Colegio Latinoamericano de Integración. Compañeros de ruta suyos, como la Compañía de Jesús, aprovecharon también de fundar la Universidad Católica Alberto Hurtado. que subsiste hasta hoy. ¿Qué mayores testimonios de que la libertad económica está en la base de la libertad política?

Ahora estamos ad portas de que, bajo un régimen de facto, como el que se ha impuesto en Chile por la fuerza (como lo ha reconocido el senador Quintana, al hablar de un “parlamentarismo de facto”) se lleve a cabo un plebiscito nacido de la amenaza de la fuerza. Yo en un principio me había negado a participar en este esquema institucional impuesto ilícitamente, pero  al ver cómo mucha gente ha recapacitado y se ha ido inclinando por votar “Rechazo” y extirpar así de raíz el tumor totalitario representado por la Asamblea Constituyente que derivaría de un triunfo del “Apruebo”, pienso que a la ciudadanía de bien la cabe un papel como última defensa de nuestra libertad amenazada, votando “Rechazo” y lo voy a hacer.

Si la mayoría silenciosa, que por escepticismo pensaba no concurrir a votar, se hace presente en el irregular plebiscito del 25 de octubre, existe la posibilidad de que el país no se deslice por la pendiente totalitaria.

Aunque no sepa quién es Heriberto Novoa, carabinero héroe de la defensa de la libertad y aunque, por eso, su voto no sea debidamente informado, si así y todo concurre y vota “Rechazo”, Chile todavía puede salvarse. He visto  que muchas personas, que inexplicablemente había anunciado que votarían “Apruebo”, ahora han tenido a bien anunciar que han cambiado o “han entrado en período de reflexión”. He leído que el propio Andrés Velasco ya se manifiesta dudoso y que columnistas ex comunistas ya han abandonado la idea de votar “Apruebo”, ante la magnitud de la catástrofe institucional que el triunfo de esa opción representaría.

Chile puede salvarse y un gran paso hacia lograrlo es jugarnos enteros por el triunfo del “Rechazo” el 25 de octubre próximo, aunque ello ocurra sin tener plena información, en medio de un régimen de facto y bajo la amenaza de la violencia. Sería un ejemplo histórico de una aparente minoría inicial que se transforma en mayoría cuando se da cuenta de que se trata de salvar el destino de su propio país.

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