Como temía en mi blog anterior, la empavorecida derecha  volvió a regalarle el país a la izquierda. La prensa casi no informó de la reforma constitucional que aplazó el plebiscito del 26 de abril al 25 de octubre. Piñera no hizo ceremonia alguna ante las cámaras para promulgar la reforma. Para que Piñera renuncie a las cámaras tiene que haber tenido mucha vergüenza. Les tomó apenas dos días a los políticos aprobar y promulgar el salvataje del principal trofeo de la insurrección. Casi no salió en el diario. La única información apareció en “La Segunda” diciendo que se aprobó la prórroga por más de cien votos contra uno. ¡Sorpresa! ¡Hay un derechista en la Cámara! Sospecho que fue Ignacio Urrutia, otra vez, pero su nombre no apareció.

Pues la derecha tenía los votos en la Cámara y el Senado para rechazar el proyecto. Si lo hubiera hecho, no habría habido plebiscito el 25 de abril ni nunca, por disposición de la Patrona de Chile, cuya intervención ha librado al país de la devastación generada por incendios, saqueos, destrucción del entorno y vejámenes a nuestros héroes. 

Entonces la Constitución de 1980 habría seguido incólume, como estaba contemplado en el programa de este gobierno elegido por mayoría hasta que un “acuerdo” espurio, y conseguido tras incurrirse en los tres vicios del consentimiento (basta uno para invalidarlo) en el “Acuerdo” del 15 de noviembre: el error (se pactaba terminar con la violencia cuando no concurría el principal agente de ella, el PC); la fuerza (se pactaba bajo amenaza y habiéndose perdido el orden público, porque el gobernante no tenía pantalones para mantenerlo) y el dolo (porque la izquierda sabía que la violencia continuaría igual o peor después del 15 de noviembre, como ocurrió de hecho hasta ser erradicada por la pandemia en marzo). 

Entonces, llamar “acuerdo” a lo del 15 de noviembre fue lo mismo que llamar así a la entrega de su billetera por parte del asaltado a quien el pistolero le está apuntado con su arma.

Pero la actual derecha carece de coraje político para haber salvado la Constitución. Sabiéndolo, Boric amenazó a la UDI, algunos de cuyos parlamentarios mostraron arrestos verbales (y sólo verbales) de rechazar la prórroga, con “sacarle la mugre” en la elección de gobernadores. Después de eso quedó un  solo derechista en pié para votar en contra. ¡Uno! 

Lo peor es que las nuevas generaciones de derecha vienen todavía más febles: dos jóvenes dirigentes empresariales, Juan Sutil y Patricio Donoso, hoy en “El Mercurio” encuentran ejemplar la rendición incondicional en el Congreso y dicen: “Nuevamente, con responsabilidad y decisión, el mundo político acordó postergar el plebiscito hasta el mes de octubre”. ¡Qué risa!: “con responsabilidad y decisión” el asaltado entregó su billetera al bandolero.

Vaticinio: así como el coronavirus trajo trastornos a nuestra vida interna, pero erradicó la violencia, los saqueos y el vandalismo, cuando el virus pase (porque va a pasar) la violencia retornará, como también la incertidumbre y el caos que reinaron desde el 18 de octubre, hasta que en marzo los impidió la pandemia. La destrucción será mayor que hoy y el miedo a lo menos igual, hasta que los amos de la violencia tengan su Asamblea Constituyente y el país emprenda la conocida senda hacia la pérdida de su libertad. 

Si hubiera habido una derecha de verdad, eso se habría podido evitar. Pero parece que era mucho pedir.

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