Circula en las redes el video de un experimento, hecho en una clase universitaria española, donde la profesora propone a los alumnos afirmar por unanimidad, después que ingrese el siguiente alumno atrasado, que una carpeta verde que ella tiene en la mano, es roja. Llega el atrasado y entonces ella pregunta a la clase de qué color es la carpeta y todos le responden, según el acuerdo previo, que es “roja”. Entonces, cuando le muestra la carpeta y le formula la misma pregunta al que llegó atrasado, éste no puede menos que contestar, también, “roja”, pero mostrando mucha confusión, propia de saber que está viendo una carpeta verde. Es que fue, simplemente, incapaz de sustraerse de la mentira de la corriente dominante.

Esto mismo lo expresaba el Ministro de Propaganda de Hitler, Josef Goebbels, cuando decía: “Una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”.

Y esto mismo ha pasado en Chile durante los últimos treinta años, en relación al Gobierno Militar. Este derrotó a la guerrilla marxista, pacificó al país (bajo él no había siquiera “conflicto mapuche”), mejoró la economía y restableció la democracia. Por eso el recientemente fallecido ex senador Sergio Onofre Jarpa opinó que Pinochet fue el mejor presidente de la historia de Chile.

Pero una propaganda persistente y falsa lo ha demonizado. No obstante eso, la política chilena sigue girando en torno de Pinochet. El gran tema nacional hoy es cómo reemplazar la Constitución de Pinochet. Es que ella garantiza dos cosas intolerables para la izquierda: la libertad y la propiedad.

No puede haber socialismo si hay libertad, porque aquél se basa en lo que manda el Estado y no en lo que deciden las personas libres.

Ni tampoco puede haberlo si hay propiedad. Porque el socialismo suprime la libertad de iniciativas y ésta se basa en la propiedad. La izquierda siempre ha fundado sus expectativas en privar a las personas de su propiedad. Pues no sabe crear riqueza, sino sólo dilapidarla. Por eso se atrinchera en el Estado para, desde él, ya que no sabe crearla, arrebatar y hacerse de la creada por los demás.

Odia la Constitución  de 1980 porque exige pagar al contado las expropiaciones, según su real valor, y la izquierda está acostumbrada a expropiar sin pagar. Ahora mismo quiere quedarse con los ahorros previsionales de los chilenos, pasándoselos al Estado, pero la Constitución se lo impide. Por eso quieren derogarla, porque no pueden expropiarles sus ahorros a los trabajadores sin pagarles lo que éstos valen.

Todo el “proceso constituyente” apunta a lo mismo: a que los chilenos no seamos libres para crear riqueza y a quedarse sin pagar con la que hay. Como lo único que se interpone ante su deseo de quedarse con la plata de los demás es la Constitución, por eso es esencial para ellos derogarla y dictar otra que les permita apropiarse la plata de los demás.

Claro que los chilenos deberíamos recordar que el socialismo sólo funciona hasta que se le termina la plata de los demás. En ese momento, en todas partes donde eso sucede, siempre se comienza a oír decir: “Necesitamos un Pinochet”.

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