Es tan fácil engañar a la gente que repitiéndole una falsedad uno puede conseguir que una inmensa mayoría la crea. El KGB hizo eso con la Junta chilena y con Pinochet y consiguió que todo el mundo se la creyera, incluida una mayoría de los chilenos. Yo soy absolutamente minoritario en Chile, hoy, por ser menos tonto y defender a la Junta y a Pinochet. Lo hago con verdades y las pruebo, pero casi nadie las publica ni las cree. 

Lo mismo está sucediendo con el cambio climático, que antes se llamaba “calentamiento global” pero debió cambiársele el nombre cuando cesó hace dos décadas y la temperatura dejó de subir. Pero se ha logrado convencer a casi todo el mundo de que la actividad productiva del hombre tiene que ver con el cambio climático y, en concreto, se ha convencido a los chilenos de que lo que ellos hacen para trabajar y producir incide en el cambio del clima y envenena la atmósfera. Y los chilenos pagamos la cuenta: impuestos más altos, energía eléctrica más cara, centenares de regulaciones y cuotas de la ONU, porque creemos que nuestro trabajo envenena la atmósfera. La ministra del Medio Ambiente necesita 90 millones de dólares para una conferencia internacional sobre el cambio climático, la COP  25, que Brasil (porque es menos tonto que Chile) rechazó realizar y que va a tener lugar a acá a fines de año.

Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias opiniones, pero no sus propias cifras. Y hay una cifra que nadie puede rebatir, porque es una verdad universal: que el CO2, gas que forma parte del aire que respiramos, es sólo 0,04 por ciento del total, es decir, cuatrocientas partes por millón. Y de ese 0,04 por ciento, a su turno el 97 por ciento es generado por causas ajenas al hombre, es decir, no por una actividad productiva. Esa es una verdad científica. ¿Cómo puede una parte tan pequeña del aire ser responsable de un cambio climático global? Simplemente no puede. Pero el mundo actúa como si pudiera. ¿Por qué? Porque se le repite, como el KGB, una falsedad.

Una adolescente sueca llamada Greta Thunberg se embarca en un velero para no emitir CO2 y atraviesa los mares, concentrando la atención mundial y haciendo un llamado a no emitir más gases de efecto invernadero, pero seis personas han debido volar en aviones que sí emiten CO2 para que ella pueda hacer su viaje “limpio”. Es decir, de hecho ha ensuciado mucho más la atmósfera que si ella hubiera simplemente viajado en avión. Pero aquí lo que importa es el espectáculo de Greta y no la razón, pues ensucia más la atmósfera que si no montara su espectáculo y simplemente viajara en avión. ¿Es que nos cree a todos tontos? La respuesta es sí.

¿Y qué papel juega Chile en todo esto? En cuanto a ensuciar la atmósfera, casi ninguno. Pero en cuanto a pagar la cuenta del disparate global, sometiéndose a mayores impuestos, infinitas regulaciones que encarecen nuestra producción y pagar energía más cara, Chile se ha convertido en hazmerreír mundial para los que conocen los hechos, porque genera apena el 0,25 por ciento del CO2 mundial, que a su vez en un 97 por ciento es generado por causas naturales ajenas a la actividad del hombre. Saquen ustedes la cuenta de cuánto es el 0,25 por ciento del 0, 04 por ciento del aire y se convencerán de que Chile realmente no emite prácticamente nada, pero es el que, proporcionalmente, más costos paga.

¿Qué hacen los que más CO2 emiten pero son menos tontos que nosotros? Son China, Estados Unidos, la India y Rusia, que emiten el 60  por ciento del CO2 mundial. ¡Se salen de Acuerdo de París de las Naciones Unidas que les obliga a pagar más impuestos, tener más regulaciones que encarecen su producción y tener energía más cara! A su turno, Chile se hace menos competitivo y crece menos, por impuestos más altos, costos mayores y energía más cara.

Y todavía está el otro 92 por ciento de países, casi tan, pero menos tontos que nosotros, que sí firman todos los acuerdos de Naciones Unidas pero, por lo menos, no le pagan las cuotas ni cumplen al pie de la letra con el Acuerdo de París. Se añaden al Coro General del Cambio Climático pero, por lo menos, no pagan por hacerlo y perjudicarse.

En Chile el Gobierno, la farándula, las “élites habladoras” que hablaban mal de Pinochet, a las que se refería Paul Johnson, hacen gárgaras con el “cambio climático” y el CO2 y, como el país más tonto de todos, paga la cuenta y su ministra del Medio Ambiente se esfuerza por reunir 90 millones de dólares para financiar la COP 25. Pero el cambio climático depende de otros factores (principalmente el sol), como ha acontecido siempre a lo largo de la historia; y el CO2 es un gas necesario (tanto que su leve aumento reciente, que no ha tenido nada que ver con el cambio climático, como nunca lo ha tenido, está provocando el reverdecimiento de grandes zonas de la Tierra, como una superficie del Sahara mayor que todo el Desierto de Atacama).

¿Es que somos tan tontos los chilenos? La respuesta es que la mayoría sí, y la mejor prueba es que la COP 25 tendrá lugar en Chile y la pagamos los chilenos. Otra prueba fue que elegimos a Allende como el mejor chileno de todos los tiempos y que el propio Presidente actual de los chilenos ha dicho que Allende hizo un mejor gobierno que el de Pinochet. ¿Será tonto?