Te aliaste con los comunistas para denigrar al Gobierno Militar. Acusaste a los partidarios de éste –que te habían elegido (equivocadamente)– de “cómplices pasivos”. Declaraste a Volodia como “un grande de la historia de Chile”. Dijiste que Pinochet había sido peor gobernante que Allende, financiaste los gastos de la enfermedad de Gladys Marín. Después estuviste, vis-avis con Raúl Castro, haciendo guardia de honor la capilla ardiente de Chjávez. 

¿Y de qué te ha servido? Igual Amnesty International te ha condenado como violador de los derechos humanos. La misma Amnesty International con la que hacías causa común para condenar a Pinochet. La misma Amnesty International fundada por el comunista Alec Digges en 1961, siguiendo órdenes del Kremlin, y que en aras de las apariencias propuso a Peter Berenson, que no era comunista, sino “compañero de ruta”, para presidirla. Pero si bien éste inicialmente señaló que no quería ser “tonto útil”, después recapacitó, es de suponer que por “buenas razone$”. Todo documentado y probado por el historiador Claudio Véliz en “Estudios Públicos” del CEP N°108 de 2007.


Ahora Amnesty te acusa a ti de violador de los DD. HH. “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Y lo peor es que ni siquiera puedes derrotar al terrorismo. Al menos Pinochet lo vencía y lo venció. Cuando los guerrilleros rojos le hacían lo mismo que a ti, asonadas armadas revolucionarias, él no les contestaba con perdigones, sino que declaraba el estado de sitio y el toque de queda, y llamaba a veinte mil militares a las calles poner término a la asonada. Y ésta duraba apenas un día. El 12 de agosto de 1983 los comunistas habían declarado que iban a derrocar por la violencia a Pinochet. Pero éste puso a su contingente en las calles, hubo 19 muertos y 23 heridos y el conato revolucionario duró un día. Tú ya llevas 25 muertos y la revolución no tiene visos de terminar. 

Escribió un historiador aal respecto: “El 26 de agosto (de 1983) el gobierno, trazando un camino claro en vías de la normalización interna, no renueva el estado de emergencia” (Rojas, Gonzalo, “Chile Escoge la Libertad”, p. 517.) Así actúan y tranquilizan al país los gobernantes que tienen pantalones. 

Y por eso Pinochet pudo condecorar con la medalla “Misión Cumplida” a sus hombrees en 1990 y entregar a su sucesor un país próspero y pacificado. Porque supo derrotar a la subversión. ¿Tú crees que vas a lograr lo mismo, o ella te derrotará a ti, tras tú haberle concedido todo lo que pedía y, además, haberla llenado de garantías y dinero?

Te faltan la energía y el coraje de un verdadero estadista. Rindiéndote ante el adversario que te amenaza con la destrucción y la violencia nada obtendrás. ¿Quién te va a defender? ¿Tú crees que el título de propiciador del mayor número de querellas contra militares te va a servir para que los militares te salven hoy? Les prometiste como candidato finalizar los juicios y aplicar la prescripción e hiciste todo lo contrario: los perseguiste. Has sido coautor activo de la prevaricación de que los ha hecho víctimas la dictadura judicial de izquierda. ¿Y ahora quieres que ellos pongan dócilmente sus cuellos en la guillotina para salvar el tuyo? 

“Por donde pecas pagas”, Sebastián. Te querellaste contra ellos por combatir a los terroristas y ahora quieres que te defiendan de los terroristas. Te plegaste a todas las diatribas comunistas ideadas por el KGB para demonizar mundialmente a  Pinochet y hoy te encuentras con que el demonizado eres tú y tu única salida, para que el país entero no termine arrasado por la violencia, es hacer lo mismo que hizo Pinochet: derrotar a la subversión en el terreno de los hechos. Pero no tienes pasta para eso.

¿Qué se siente, Sebastián, al ver que el único camino para salvar al país de la devastación es el que recorrió Pinochet? ¿Quemarás todo lo que has adorado y adorarás todo lo que has quemado? 

Yo sé lo que sientes. Y sé que no vas a tener la hombría de decir “me equivoqué”, de pedir perdón a los que tan injustamente has perseguido, de indultar a tus víctimas, como sería tu obligación; y de garantizar a sus sucesores activos de hoy que, si vuelven a salvar a este Chile a punto de hundirse, les vas agradecer en lugar de entregarlos a la vindicta marxista.

Todavía puedes huir, como te aconseja tu naturaleza. Pero te predigo que, más temprano que tarde, tal como surgieron Pinochet y la Junta hace 46 años, surgirá una generación de hombres capaces que, con el mismo apoyo mayoritario que aquéllos, van a volver a reconstruir el país devastado que tú nos habrás legado como única y penosa herencia de tu infinita sed de figuración y tu incapacidad para ejercer la autoridad.

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