Si hay algo que tiene mi mujer es sentido común, así es que no permite a nadie que haya ido a algún lugar con peligro de contagio entrar a nuestra casa. Por consiguiente, me ha advertido que si voy a votar el 25, no puedo volver a ella. Entonces yo, como lo anuncié en un comentario anterior, no iré a votar. 

El 87,5 % de la gente partidaria del Rechazo, que también tiene sentido común, no va a ir a votar, por contraste con sólo el 49,7 % de la gente del Apruebo que no irá, según comprobó la encuesta argentina Numen. Por tanto, debido a eso y no por ser mayoría ganará el Apruebo, cuya gente tiene menos sentido común, pero sí muchas ganas de quedarse con las cosas y la plata de los del Rechazo, que son los más ricos precisamente porque, merced a su sentido común, hacen cosas que la gente necesita y compra y les generan riqueza. 

“París bien vale una Misa”, dicen entonces los del Apruebo. Y se van a arriesgar a contagiarse con tal de hacerse con la riqueza que hay en el país. Pues nunca han estado contentos con ser burócratas y vivir del Estado y ahora, aprovechándose de la incapacidad del gobernante de turno, “van a ir por todo”.

¿Se acuerdan del Doctor Zhivago, cuando llegaba a la casa de sus padres en Moscú y se encontraba con que una muchedumbre se había apropiado de las mejores habitaciones y tenía a los dueños legales arrinconados en el segundo piso? Bueno, es que en Rusia había ganado el Apruebo.

A raíz del comentario en que revelé que no iría a votar me han llamado o escrito varias personas, apelando al heroísmo de nuestros antepasados, para convencerme de no dar tan mal ejemplo. Pero les he respondido que da lo mismo, que todo esto es producto de un enorme fraude y es una elección tan amañada que al elector le van a entregar dos votos, uno de los cuales sólo sirve si gana el Apruebo. Prueba de que el triunfo de éste está asegurado de antemano.

Recuérdese que el 12 de noviembre la izquierda se reunió y dijo que la masa movilizada había “corrido el cerco”. Todo “de facto”. Entonces le pusieron la pistola en la cabeza a Piñera, que les preguntó “¿Qué quieren?”. Y le contestaron “TODO”. 

La derecha tenía demás en el Congreso los votos para evitar la entrega del país a la izquierda, pero sólo un diputado, Ignacio Urrutia, y un senador, Kenneth Pugh, votaron por impedirla. Y así el país fue institucionalmente entregado.

¿Y a mí ahora me vienen a pedir que vaya a contagiarme para poder “hacer como que el pueblo ha hablado”? A otro perro con ese hueso. La segunda papeleta les está diciendo a todos que el país ya fue robado.

Ya se lo robó la dictadura judicial roja dándoles seis mil millones de dólares a los terroristas violando todas las leyes, y lo sigue haciendo a razón de más 400 millones anuales, en lo que derivó ya en un “robo permanente”. Se lo roban los cien mil falsos exonerados políticos que cobran otros 400 millones de dólares anuales. Se lo roban mensualmente los treinta mil falsos “torturados” que tienen pensiones vitalicias por haber sido alguna vez interrogados por sus vínculos con el terrorismo.   

Todo es falso. Tampoco hubo “estallido social” hace un año, sino insurrección contra el gobierno de un inepto e incapaz de mantener el orden público. No hubo “descontento con el modelo”, porque el modelo había llenado de plata a la izquierda para multiplicar por siete el tamaño del Estado, cuya burocracia se quedó con el grueso del gasto social. Éste, bien asignado, habría permitido al 20 % de menores ingresos ganar dos  millones 400 mil pesos mensuales por familia. 

La misma burocracia gana 32 % más que en iguales funciones del sector privado y, si le disminuyeran sus enormes sueldos, viáticos y dietas en sólo diez por ciento, habría plata para que ninguna pensión en el país fuera menor de 400 mil pesos mensuales (Bettina Horst, “Libertad y Desarrollo”). 

Clase política deshonesta que, “como premio al esfuerzo”, les regala a sus ex Presidentes 39 millones de pesos mensuales de por vida, para que sirva como ejemplo.

Han devastado a Chile con la mentira, la inmoralidad y la violencia, han barrido el piso con nuestra bandera, deshonrado a nuestros héroes patrios, mentido sobre el presente y el pasado. Se han quedado con la plata ¿y ahora quieren que yo vote, arriesgando contagiarme, para poder decir que todo lo están haciendo “democráticamente”? 

Creo que vamos a ser los ausentes los que más fuerte nos vamos a hacer oír el próximo 25 de octubre.


    

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