Piñera y la niñita sueca enfurruñada sostienen lo mismo: que el ser humano está envenenando la atmósfera con CO2 y eso está provocando un calentamiento global que amenaza a la especie. Chile mayoritariamente opina lo mismo y ha subido sus impuestos, creado controles y organismos burocráticos y establecido restricciones a la producción, aumentando el precio de su energía eléctrica. Pero Chile no genera casi nada de CO2 y éste, además, no provoca el calentamiento global. Muchos por eso le dicen a Chile Tontilandia. 

Prestigiados científicos y hasta un Premio Nobel de Física sostienen que, en el hecho, el calentamiento global antecede al aumento del CO2 en la atmósfera y el enfriamiento también precede a la disminución del CO2. Sostienen que siempre ha sucedido al revés de lo que postulan Greta y Piñera.

A su vez, los Gases de Efecto Invernadero (GEI), a los cuales se culpa del deterioro del aire, representan el 1 % de la atmósfera. Y el CO2 es sólo el 3,6 % de los GEI; el 1,4 % de los GEI está constituido por otros gases y el 95 % restante es vapor de agua no originado en el hombre.

De ese 3,6 % del 1 %, sólo es responsabilidad de los chilenos el 0,24 %. El 3,6% del 1 % es un 0,036 %. El 0,24 % de eso es 0, 0000864 % o “la nada misma”, menos de nueve partes por cada diez millones. Los chilenos no somos culpables de prácticamente nada de la carbonización, no obstante lo cual la consigna del “calentamiento global” nos ha gravado con impuestos adicionales (verdes), nos ha llenado de regulaciones que encarecen los proyectos y nos ha condenado a tener una energía eléctrica más cara. Por tanto, nuestra economía es menos competitiva y crece menos. Luego, el nivel de vida de los chilenos también mejora menos. 

Un ejemplo sintomático: el Metro de Santiago fue obligado a abastecerse con “energías limpias” y, por tanto, más caras, y eso le significó un aumento de 220 % en el precio de la electricidad que consume, exceso que pagamos los usuarios y también los contribuyentes, por la vía de los subsidios estatales que demanda la operación deficitaria del Metro.

Estos antecedentes me los ha dado el ingeniero experto en clima Douglas Pollock, pero él no es responsable de mis conclusiones ni cálculos.

En síntesis, estamos pagando, por culpa de consignas políticas sin fundamento y como supuestos “culpables”, siendo que generamos nada más que el 0,24 % del “problema”. Problema que no es tal, porque el CO2 no tiene que ver con el calentamiento global sino que deriva de él.

¿Y los verdaderos “culpables”? El 66% de las emisiones de CO2 proviene de diez países. Los cinco mayores generadores de carbono (China, los EE. UU., India, Rusia y Japón) ¡no participan en el multimillonario programa de la ONU contra el cambio climático ni van a venir a la COP 25 en diciembre! Esos países no quieren encarecer su energía ni su producción ni sacrificar su crecimiento con más impuestos, burocracia y controles. Por contraste con ellos, nuestra energía eléctrica está entre las más caras en el ámbito hogareño y de la producción. 

Pagamos más impuestos, soportamos numerosas regulaciones y cuentas de luz más altas por, supuestamente, generar CO2 que casi no generamos. Ni éste tampoco genera el calentamiento global ni el cambio climático. 

¿Se justifica entonces o no que nos llamen Tontilandia?