Kennedy dijo una vez: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”. Hoy mi país, Chile, todavía es libre, pero su libertad está amenazada. Eso me está diciendo qué puedo hacer por él y mi respuesta es “votar Rechazo” el 25 de octubre.

La Constitución de 1980 nos dio la libertad de que gozamos. Cuando entró a regir la plena democracia que nos legó el gobierno militar, en 1990, el jurista radical Enrique Silva Cimma, que era canciller de Aylwin, se declaró públicamente admirado de la forma en que esa Constitución garantizaba los derechos y las libertades de las personas.

Pues en Chile mandamos nosotros, las personas. Como dijo Reagan para Estados Unidos, nosotros le decimos al Gobierno qué hacer. No es el Estado el que nos debe decir lo que hagamos. Somos las personas libres del pueblo los conductores y el Estado es el automóvil. Nosotros decidimos adónde va a ir, a qué velocidad y por qué camino. 

Pero el Gobierno se ha ido llevando cada vez más de nuestro dinero y de nuestra libertad de elección. Sin  embargo, todavía somos libres. Nadie es libre a no ser que el Estado sea limitado. Es como una ley de la física: a medida que se expande el Estado, nuestra libertad se contrae. 

La Constitución de 1980 nos ha dado los mejores decenios de nuestra historia independiente. Pero hoy tenemos que defenderla. Tenemos que votar Rechazo a la idea de cambiarla por otra en que el Estado se convierta en el conductor del automóvil y nos diga qué hacer, por dónde ir y cómo hacerlo.

Los partidarios de que el Estado resuelva todo han diseñado un plebiscito inmoral (porque se suspendió el 25 de abril debido a que había 500 contagios diarios y, en cambio, no se suspende ahora, que hay 1.500 contagios diarios). Es que los partidarios del Estado todopoderoso, cuyo tamaño han multiplicado por siete veces entre 1990 y 2019 y que ya llega a un millón de funcionarios, están ansiosos de tener más poder y de controlarlo todo. 

Ese Estado lo manejan los partidos, que están entre los entes más desprestigiados de nuestra sociedad, según las encuestas. No sólo ha aumentado su tamaño, sino que paga a sus burócratas sueldos 32 por ciento más altos que a iguales funciones del sector privado. Esa burocracia se queda con “la parte del león” del gasto social proveído por el modelo de economía libre. Pues si ese gasto social fuera directamente al 20 % más pobre, cada familia tendría dos millones 400 mil pesos mensuales de ingreso y ya no sería pobre. El Estado, su burocracia y los partidos son los culpables del malestar social. 

Si a la bucrocracia dorada se le bajara sólo en diez por ciento sus remuneraciones, se podría garantizar una pensión básica de 400 mil pesos mensuales a todos los jubilados (Bettina Horst, “Libertad y Desarrollo”),

Pero los políticos estatistas dicen que hay que “enterrar” el modelo de sociedad libre que les ha entregado toda esa plata para eliminar la pobreza y la desigualdad. Más encima, son los únicos privilegiados que, en la pandemia, no han visto reducidos sus ingresos. Es que ahora “van por todo” y para eso necesitan derogar la Constitución.

Yo había dicho que no iba a ir a votar, porque mi mujer teme que si lo hago traiga de vuelta a la casa el contagio. Pero me he preguntado qué puedo hacer yo por mi país, y mi respuesta ha sido no sólo ir a votar, sino convencer a mi mujer de hacerlo y a todos los que podamos, tomando las precauciones sanitarias, para ir a votar Rechazo y salvar la libertad de que nosotros, las personas del pueblo, todavía gozamos. 

No podemos abstenernos por temor o comodidad y después vernos privados de nuestra libertad. Debemos masivamente votar Rechazo a la idea de que nosotros, el pueblo, las personas libres, perdamos la atribución de decirle al Gobierno a dónde debe ir, a qué velocidad y por qué camino, porque esa facultad la tenemos gracias a la Constitución y por eso ellos la quieren reemplazar y nosotros la debemos defender.

Eso es lo que todo chileno y chilena bien nacidos pueden y deben hacer hoy por su país.

Si nosotros, las personas libres, no acudimos masivamente a votar Rechazo y a velar por la pureza del acto plebiscitario del 25 de octubre, cometeremos un verdadero atentado contra nuestra libertad y nuestra Patria, del cual nunca nos vamos a terminar de arrepentir. 

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