Desde 2004, año en que el entonces comandante en jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre declaró que para él el 11 de septiembre (que caía en sábado), ” no había nada qué celebrar” y era “un sábado como cualquier otro”, opinión en  la cual coincidió, en la misma fecha, quien era candidato presidencial de la Alianza por Chile, Joaquín Lavín, que otro comandante en jefe de aquella institución no había expresado el mismo parecer. 

Hasta que ayer, en entrevista concedida al diario “El Mercurio”, la periodista Paula Coddou preguntó al actual comandante en jefe del Ejército, Ricardo Martínez, lo siguiente:

“¿Siente que desde octubre se revivieron traumas pasados en la sociedad y también en el Ejército? ¿Temieron que los hicieran salir a la calle y nadie respondiera después?”. Contestación:

“Todo el Ejército de hoy no vivió el 73. Cualquier quiebre democrático en el país es una tragedia. En el caso chileno, ha pasado casi medio siglo y todavía las heridas no están cerradas. Entonces, obviamente, para nosotros es una fecha que no es para celebrar, porque mantiene a una parte de la sociedad con posiciones encontradas. Por eso, la convivencia democrática hay que cuidarla”. (Las negritas son mías).

Pero no voy a comentar yo esa respuesta, sino que voy a reproducir el comentario que mereció al historiador Gonzalo Vial Correa una similar del general Cheyre en 2004. 

Como es sabido, Vial había clavado un cuchillo en la espalda del Ejército y demás ramas al ser el agente condenador más activo de los militares en el Informe Rettig, de 1991, que Patricio Aylwin había discurrido para traicionarlos y relevar de responsabilidad histórica a la izquierda marxista, Informe que el Ejército explícitamente rechazó. 

Pero posteriormente Vial recapacitó y, ya en el siglo XXI, se convirtió en un firme defensor de los militares frente a los abusos políticos y judiciales de que fueron y siguen siendo objeto. En particular, en su columna del vespertino “La Segunda” de 28 de septiembre de 2004, escribió lo siguiente sobre la actitud de Cheyre entonces, enteramente similar a la de Martínez hoy:

“El comandante en jefe del Ejército ha dicho que el país no tiene nada que celebrar el 11 de septiembre. El candidato presidencial de la Alianza por Chile, interrogado con anterioridaed al aniversario, expresó que para él y sus seguidores sería una jornada cualquiera, normal, de trabajo.”

Luego Vial analizaba las perspectivas que habría tenido el país si no hubiera habido un 11 de septiembre de 1973 y escribía:

“I. La consolidación irreversible de un Estado y de una sociedad marxista-leninista. (…)

“II. La alternativa II era que hubiera golpe, pero con sólo parte de las Fuerzas Armadas. (…) Consecuencia casi segura: la guerra civil. Quinientos mil a un millón de muertos, según el general Prats.

“TODOS ESTÁBAMOS DISPUESTOS  A LA GUERRA CIVIL. TODOS CREÍAMOS QUE LOS VALORES EN JUEGO LA JUSTIFICABAN, SI NO HUBIERA OTRO CAMINO (…)” (Las mayúsculas fueron de Vial, no mías). 

“Pero no hubo  Alternativa I. No hubo Chile a la Cubana. No hubo Alternativa II, Guerra Civil. Hubo 11 de septiembre de 1973.

“¿Cómo no conmemorarlo? ¿Cómo no celebrarlo? ¿Cómo no…. iba a decir ‘¿cómo no agradecerlo?’, pero retiro mis palabras. Los civiles no agradecemos nada”.

¡Qué tremenda confesión de culpa! ¡Qué tremendo reconocimiento de la miseria moral de la chilenidad actual! Precisamente el título de mi último libro.

Creo que no tengo nada más que agregar. 

  

 

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