La otra vez que Chile se fue al diablo, es decir, durante la UP, a mí me comenzó a ir fantástico. En pleno socialismo dicté unas charlas sobre Milton Friedman que sorprendieron mucho a la gente y llevaron a Radio Agricultura a ofrecerme quince minutos diarios sobre economía libre, que reproducían a las 7, las 13 y las 22 horas. Como llamaron mucho la atención, el Partido Nacional me propuso ser candidato a diputado en marzo de 1973 y casi obtuve la primera mayoría en Santiago, donde sólo me aventajó, por mil votos, el ex vicepresidente de la República DC, Bernardo Leighton. Ambos resultamos electos, pero la sorpresa la di yo.

Después vino el 11 y el país se arregló, de modo que a mí me comenzó a ir peor. Desde luego, la Junta me exoneró como parlamentario y Radio Agricultura suprimió mis comentarios porque yo era partidario de la política de libre mercado de los Chicago Boys, que perjudicaba a los agricultores. 

Cuando volvió la democracia la derecha se volvió a acordar de que yo había sacado muchos votos y me llevó como candidato a senador por la UDI en 1989, junto a Sebastián Piñera, que era DC pero se había cambiado a RN. Los “tres transatlánticos” de la derecha en ese tiempo, los ex senadores Pedro Ibáñez, Sergio Onofre Jarpa y Francisco Bulnes, en un aviso en los diarios, llamaron a la gente a votar por Piñera y no por mí, así es que él salió elegido y yo no. En la derecha, después, siempre la mayoría prefirió a Piñera y cuando vi que hasta “El Mercurio” se iba con él en 2008, renuncié al diario donde había escrito durante 46 años. He sido la única oposición de derecha a sus dos gobiernos y muy poco tenido en cuenta. 

Pero, como tengo pulsión por escribir para el público, inauguré este blog en 2010, que leen, un día con otro, unas mil quinientas personas. Al mismo tiempo, he escrito una docena y media de libros, los dos últimos de los cuales, “Historia de la Revolución Militar Chilena 1973-1990” y “Miserias Morales de la Chilenidad Actual”, no han sido comentados por ningún medio y se estaban vendiendo, hasta antes del estallido subversivo, a un melancólico ritmo de un libro al día cada uno. La editorial me liquidaba unos escuálidos $300 mil mensuales. 

Pero vino el estallido y un día, ante el caos y la falta de autoridad, escribí rápidamente un blog titulado “¿Qué se Siente Sebastián?”, recordando lo bien que Pinochet mantenía el orden público y lo inútiles que habían sido los esfuerzos de años de Sebastián por complacer a los comunistas. Gracias a la iniciativa de un amigo lo grabé y él lo subió a YouTube, donde tuvo un cuarto de millón de visitas en pocos días y fue “trending topic”. La lectoría de este blog se decuplicó.

Esto, supongo, motivó a una desprevenida productora de “Bienvenidos”, de Canal 13, a convidarme al programa, obviamente en busca de rating, porque no cualquiera logra un cuarto de millón de visitas en YouTube en unos días. Fui, expuse los mismos puntos de vista que por años había defendido en radios, televisión (en mis raras apariciones), en este blog y en mis libros. Pero entonces la conductora del programa, Tonka Tomicic, resolvió pedirme que me retirara, escandalizada por mi defensa de Pinochet y de la necesidad de mantener el orden público, aunque fuera a costa de la integridad de vándalos, incendiarios y saqueadores, defensa de la vida civilizada que ahora se castiga como “atropello a los derechos humanos”.

Pese a que el dueño del canal expresó por twitter que fue un error haberme convidado y pidió perdón a los televidentes por haberlos expuesto a mi odiosa presencia y opiniones, para mí todo ha resultado muy positivo. Pues en los precisos días en que el país caía en recesión, su economía se iba al cuerno, junto con la Bolsa, y el dólar se disparaba, a mí me empezó a ir muy bien. Por ejemplo, la venta de mis libros se multiplicó por quince, pues de la esmirriada factura por 300 mil pesos que emitía en diciembre pasé a una sustanciosa de cuatro millones y medio en enero. La expulsión obró milagros en la venta.

Y hasta me volvieron a convidar a la TV, de la cual estaba proscrito hace años. Y el canal que transmitió una entrevista que me hizo Julio César Rodríguez no sólo la dio el mismo día, en horario prime, sino que la retransmitió al siguiente dos veces, a las 9 y a las 15, supongo que a pedido del público.

No sólo eso, caminando por la popular esquina de Presidente Riesco con Alonso de Córdova, donde se había formado un gran taco de automóviles, vi que se abrió la ventanilla de uno y el conductor comenzó a aplaudir, ante lo cual muchos otros hicieron lo mismo, felicitándome a voz en cuello. Tuve que levantar los brazos para agradecer el clamor popular. Al día siguiente, entrando al Club de Polo, recinto democrático donde me daban un almuerzo de desagravio, tres sujetos jóvenes me detuvieron para decirme que yo era “el hombre más valiente de Chile”. Les pregunté si podía hacer uso de ese título en lo sucesivo, a lo cual accedieron. 

Estadísticamente he comprobado que por cada sujeto que le dice en la calle “facho ql” al Hombre Más Valiente de Chile, hay cinco que lo felicitan calurosamente.

Es decir, el país se está yendo aceleradamente al demonio, como en 1973, y yo siento que, tal como entonces, a mí me está yendo cada vez mejor.

Supongo que el desenlace final irá a ser, esta vez, al menos tan auspicioso como lo fue en la anterior. 

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