El 13 de enero vaticiné que Piñera iba a votar “Apruebo” en el plebiscito por tres razones: primera, porque quiere que su firma vaya en una “Constitución de Piñera”; segunda, porque siempre ha hecho lo que imponen los comunistas, como buen DC de alma que es; y los comunistas exigen Asamblea Constituyente para quedarse con todo el poder (como lo hicieron Lenin, Castro y Chávez) y “Convención Constituyente” es lo mismo; y, tercera, porque no puede soportar que, cuando va a un estadio o lugar público, la barra brava roja cante: “Piñera/ CTM/ asesino/ igual que Pinochet”, lo cual termina siendo coreado por toda la concurrencia, de acuerdo con una antigua ley de masas.

Ante este cántico Julito Martínez habría exclamado “¡justicia divina!”, como lo hizo cuando el ’62 Leonel Sánchez le marcó de tiro libre el segundo gol a la URSS, siendo que el árbitro debería haber cobrado penal. En este caso lo repetiría, porque Piñera ha sido cómplice activo de los zurdos en la falsificación de la historia reciente y la denigración mundial y nacional de Pinochet. Ahora le toca a él: los comunistas, a quienes tanto “les ha hecho la pata” demonizando a Pinochet, lo han demonizado a él. No importa que no sea verdad que es un asesino, como no lo fue en el caso de Pinochet, pero repiten y repiten que lo es. Y, como decía Goebbels, “una mentira mil veces repetida pasa a ser verdad”. Otra antigua ley de masas.

Pero Piñera es optimista y se ilusiona con que, pese a lo anterior, todavía puede recuperar su crédito ante la secta roja y sus ad láteres y, al mismo tiempo, “hacer una pasada rentable” en su propío beneficio, en lo cual es experto. Y en su discurso ante la ENADE ha dejado patente, implícitamente, que votará “Apruebo” –como yo predije– para satisfacer a la izquierda (de paso, recomiendo el video de Camilo Escalona explicando hasta qué punto la izquierda necesita ganar el 26 de abril). 

Pues Piñera ha mencionado en ese discurso los once puntos que quiere ver incorporados en la Nueva Constitución. Eso lo dejó absolutamente claro. Y además añadió: “Si de verdad queremos tener una Constitución legítima y respetada por todos y lograr que sea un gran marco de unidad y estabilidad…” Es evidente su opinión favorable a la derogación de la actual. Se rindió incondicionalmente ante la oposición, cediendo hasta el último bastión que ésta le pedía.

En declaraciones aparte, sin embargo, ha estimado demasiado largo el término de tres años para aprobar la nueva Carta. Es obvia su aspiración de que vaya firmada por él y así quede para la Historia como “la Constitución de Piñera”. Para eso necesita que se promulgue antes de dos años y 40 días, que es lo que resta de su mandato. No le importa que por culpa del triunfo del “Apruebo” sean dos años y 40 días de incertidumbre, inestabilidad y decadencia económica que arruinen a Chile y traigan pobreza a muchos chilenos.

“París bien vale una misa”, dijo Enrique IV. “Mi Constitución bien vale un Chile”, dice Piñera.Libertar.cl intenta proporcionar contenido relevante que refleje el gran respeto que Partido Independencia tiene por la verdad y la libertad. Si bien estamos sustancialmente de acuerdo con todos nuestros autores, no siempre reflejan los valores y principios del Partido Independencia. Visite el sitio web del Partido Independencia para obtener más información sobre nuestros principios y objetivos.