Dos opiniones recientes lo dicen todo: la del ministro Juan Carlos Jobet, que va a votar Apruebo porque ve “un problema de legitimidad” en la Constitución actual y la del sociólogo y columnista de “El Mercurio”, Eugenio Tironi, paladín del Apruebo y según quien el modelo de sociedad libre vigente en Chile debe ser definitivamente “enterrado”.

Todo eso anuncia un futuro izquierdista para Chile. Es decir, un Estado proveedor de una gran cantidad de derechos, que los niños que aparecen en la franja electoral de la televisión, enseñados por profesores de izquierda del Estado, repiten convencidos: educación gratuita y de calidad para todos, atención de salud excelente, una pensión digna para los abuelitos e igualdad entre La Pintana y Vitacura. Una mayoría cree que la nueva Constitución le va a garantizar todo eso.

Pero el Estado no tiene recursos para ello, sino que los extrae de los particulares forzadamente, mediante impuestos. O mediante el robo: por ejemplo, es dueño de una gran empresa propietaria de minas de cobre que fue confiscada sin pago, con un acuerdo de izquierda a derecha, a sus legítimos dueños, que eran norteamericanos. Los del Apruebo confían en que hay muchas otras grandes empresas de las cuales apropiarse cuando cambie la Constitución y ésta ya no obligue, como la actual, a pagar al contado su valor comercial real.

Pero muchos de los dueños de empresas mayores, que son sus accionistas, ya se han dado cuenta. En este momento el valor de bolsa de las acciones chilenas es menor que su valor de libro. Es decir, hoy usted puede comprar empresas en menos de lo que costaría formarlas. Está pasando lo mismo que si a usted el dueño de una casa en venta le dijera: “Se la vendo en cien millones, pero a mí me costó 120 millones edificarla”. Es que teme que el Estado se la pueda expropiar en 50 millones pagaderos en bonos a plazo. 

La verdad es que hoy Chile está en liquidación, porque el significado de la frase “hay que sacrificar el modelo” anticipa que a usted le van a poder quitar lo que tiene para repartirlo entre los que no lo tienen, cosa que va a hacer un Estado manejado por la izquierda, cuyo lema histórico siempre ha sido “el que parte y reparte se lleva la mejor parte”. 

Ya la izquierda, sin siquiera cambiar la Constitución, con la eficaz colaboración de Piñera, ha manejado el Estado desde 1990 y se ha merendado la mejor parte: ha multiplicado por siete su tamaño, se paga a sí misma sueldos 32 % más altos que en el sector privado y se ha quedado con la mayor porción del gasto social, que “el modelo” había generado para los más pobres. Si éstos la recibieran, ya no habría pobres. 

Lo que pasa es que la izquierda ahora ya no se conforma sólo con la “parte del león”, que se ha llevado entre 1990 y 2020, sino que “va por todo”.

Tengo velas en este entierro del modelo: Jaime Guzmán me conminó en 1989 a que yo, entonces alejado de la política, pero que en 1973 había obtenido muchos votos, debía ganar a Sebastián Piñera en la carrera al Senado, porque era un tipo peligroso, que se iba a dedicar a destruir el legado y la imagen del gobierno militar. Pero no le cumplí, porque ya no tenía los votos, ni siquiera los de la derecha. Los “tres transatlánticos” de ésta, Francisco Bulnes, Sergio Onofre Jarpa y Pedro Ibáñez, llamaron en un aviso de un cuarto de página (redactado por Piñera) a votar por él y no por mí.

Y así fue senador y después dos veces presidente y se dedicó, como Jaime preveía, a destruir la imagen y el legado del gobierno militar. Más aún, ha metido presos, interponiendo más de mil querellas, a los uniformados que derrotaron al terrorismo de izquierda y ahora suscribió junto con ésta, el 15 de noviembre pasado, el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, de la cual es partidario y cuyos contenidos incluso ha adelantado. Y está dedicado a destruir a Carabineros.

Entonces ahora “el así llamado modelo, ojalá esté lo más armadito posible para enterrarlo bien, pero hay que enterrarlo”, dice Tironi, columnista de “El Mercurio” en un foro de ICARE, conducido por otro columnista de izquierda del mismo diario, Cristián Warnken (“El Mercurio”, 12.10.20). 

Y así, a manos de la izquierda y de Piñera, perecerá la sociedad libre en Chile. Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

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