¡Loor al 11 de septiembre! Cada año esta fecha será más importante en la historia de Chile, porque los más mentirosos se están muriendo antes que los que decimos la verdad y entonces finalmente ésta prevalecerá.

Cuadragesimoséptimo aniversario de la fecha en que, por gran mayoría, los chilenos fuimos menos imbéciles que antes en nuestra historia y conseguimos, excepcionalmente, que hasta algunos de los que lo eran más, como los DC y los radicales de izquierda, se unieran a los militares y a nosotros, los menos imbéciles de todos, los de la derecha, para echar del gobierno a los ladrones, es decir, a los marxistas-leninistas que querían, como decía y los acusaba en 1973 don Patricio, instaurar en Chile una dictadura comunista.

Es que en 1973 hubo una alineación de los astros que, al parecer, sólo se produce cada mil años: un decidido y decisivo Merino, en la Armada, que el 9 de septiembre escribió en un papel: “Augusto y Gustavo, la Armada va a actuar. El día D es el 11 y la hora H es las 06.00. Firmen si están de acuerdo”. Y Augusto y Gustavo firmaron. A Gustavo le duró la cuerda sólo hasta 1978, en que se puso imbécil y empezó a repetir lo que decían los comunistas, “que esto no da para más” y que la Junta debía irse. Hubo que echarlo. Ahora es urgente echar a Lavín de Las Condes, lo que vamos a hacer votando por Gonzalo de la Carrera para alcalde y dejando al primero para los matinales.

Los imbéciles son hoy los que quieren regalarle el país a los ladrones. Los ladrones no son sólo los comunistas, sino también sus tontos útiles, sus compañeros de ruta y los Kerenskys que les ayudan a robar lo que otros producen.

Porque los marxistas-leninistas nunca han producido nada, salvo sufrimiento, revolución y muerte. Por eso no hay una sola empresa comunista exitosa. Cuando un medio de producción llega a caer en sus manos, como la Universidad ARCIS, le extraen toda la plata y lo arruinan. Y por eso en ningún país donde se le haya dado a la gente libertad de elegir hay comunistas en el poder. En 1970 los primeros en elegir un marxista-leninista fuimos los chilenos, gracias al apoyo de los Kerenskys. Y en los mil días subsiguientes aprendimos que el socialismo sólo funciona hasta que se le acaba la plata de los demás. 

Nunca se arrepintió más de algo, Frei Montalva, que de haberles entregado Chile a los ladrones. Pues todos los “cambios” y “reformas” comunistas son para robarse algo que otros han creado. Por lo mismo, Frei declaraba al ABC de Madrid, en octubre de 1973: “Los militares han salvado a Chile… cuando uno tiene cáncer, no tiene ganas de operarse, pero debe hacerlo”. Él antes decía que el anticomunismo era peor que el comunismo, pero en octubre de 1973 aprendió que no y defendía a los militares, igual que Aylwin. Y lo hacían cuando ya iba la mitad de todos los muertos en la lucha interna que hubo entre 1973 y 1990. 

Lo malo es que la enfermedad vuelve, y muchos Kerenskys, herederos de Frei, se aprestan a hacer hoy de nuevo lo mismo de 1970, votando Apruebo. El propio Lavín hoy declara que vota Apruebo porque es partidario de “los cambios” ¡Pero si los únicos cambios que quieren los del Apruebo son para robar más de lo que otros han producido! 

Por supuesto, hay cambios que hacer y son los que promovemos los partidarios del Rechazo: el tamaño del Estado se ha multiplicado por siete desde 1990. El gran cambio: volver a achicarlo, entregando el gasto social a los pobres, con lo cual no habría pobres. Si la burocracia comunista no se quedara con el grueso del “gasto social”, ninguna familia en Chile ganaría menos de dos millones cuatrocientos mil pesos mensuales.  

Y desde este 11 cortémosla con la tontería de que el gobierno militar atropellaba los derechos humanos. Desde la Brookings Institution y su representante Ernest Lefever en 1974 hasta la Heritage Foundation en 1986, que acreditó que la Cruz Roja Internacional, a través de su médico jefe, Jean Francois Bonard, podía examinar a cualquier preso en Chile, en cualquier nmomento, sin avisar a ninguna autoridad ni pedir permiso (James Whelan, “Out of the Ashes”, p. 711), probaron que el gobierno militar procuraba respetar los derechos humanos.

¡Viva el 11 de septiembre! ¡Viva Merino! ¡Viva Pinochet! ¡Viva Mendoza!

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