Es un hecho histórico que una gran mayoría de chilenos no se da cuenta de nada, para decir las cosas simplificadamente. Porque si bien, en rigor, la mayoría algo pispa, por supuesto, eso casi nunca es lo esencial. Por ejemplo, no se dio cuenta del golpe de estado exitoso que hubo el 12 de noviembre, según le reveló al incauto país Lucía Santa Cruz desde “El Mercurio” (14.02.20), cuando la oposición, desde comunistas a kerenskys, se declaró a favor de una Asamblea Constituyente afirmando que “la ciudadanía movilizada” ya había “corrido el cerco de lo posible” para “establecer un nuevo modelo político, económico y social” y añadiendo que “el proceso constituyente ya estaba establecido por la vía de los hechos”. Todo eso era de facto, pero, además, falso, ilegal e inconstitucional, por supuesto. Pero por sobre todo era sedicioso.

Sin embargo, como tenemos un presidente entreguista o, más precisamente, entregado, en lugar de someter a proceso a los alzados en sedición confesa, levantó los brazos y se rindió ante ellos. Quedó como acta de su rendición incondicional un denominado “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución” de tres días después. Éste, increíblemente (respecto de la UDI), menos increíblemente (respecto de RN) y muy creíblemente (respecto de Evópoli y el PRI), fue firmado por Chile Vamos y la oposición. A partir del 15 de noviembre vivimos bajo un régimen de facto y, lo peor, sin orden público.

Así se consumó el golpe de estado bajo el cual continuamos hasta hoy. Porque Chile Vamos tenía en el Congreso, según la Constitución y las leyes, los votos para no acoger nada de lo que le imponía la subversión callejera. Pero se rindió junto con Piñera y sobra decir que a causa de eso el país se ha descuajeringado por completo: han caído la producción, los precios de todos los activos y la confianza interna y externa en el futuro nacional.

Pero, como reza la primera Ley de Murphy, todavía todo puede ser peor. Pues si el 26 de abril ganara el Apruebo, entonces ahí sí que nadie va a saber adónde vamos a ir a parar. Yo pronostico que en ese evento el dólar se irá a mil pesos, la Bolsa caerá a menos de 4 mil puntos y la economía –que ya se embromó, como lo proclamé en términos menos académicos en mi blog del 3 de noviembre– terminará de irse, con perdón de los oídos castos, a la misma cresta.

Dos de los teóricos del golpe marxista fueron sorprendidos diciendo por radio sus verdaderas intenciones. El columnista de “El Mercurio” Hernán Corral (18.02.20) los expuso: Fernando Atria: “El pueblo ejerce el poder constituyente cuando quiera, como quiera y del modo que quiera”. Alfredo Joignant: “El poder constituyente podría hacer estallar las instituciones que lo abrigan”. Y éste agrega: “…como es poder constituyente, esa asamblea … podría sentirse no obligada a respetar los términos del Acuerdo que fue firmado”. Que fue lo mismo que antes anunció Luis Messina (“No + AFP”): “cuando … los constituyentes se constituyan en la primera reunión y se autodeclaren soberanos y se acaba todo: se cierra el Congreso inmediatamente”.

Así es hoy la incierta vida chilena después del golpe de estado del 12 de noviembre. Algunos sostienen que, en medio de la violencia y la incertidumbre reinantes, ésta ya no es ni siquiera vida. Sobre todo si residen en alguna “zona cero” de las que gusta visitar el poder supremo, es decir, la “ciudadanía  movilizada”. 

Pero así es el presente y será el futuro, según lo que la mayoría ha decidido y puede todavía decidir.

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