El país se está haciendo digno de “1984”, la novela de George Orwell, en la medida en que el “Hermano Mayor” que ejerce su fuerza violenta, el comunismo, asume el control de todo.

Mandé la siguiente “carta al director” de “El Mercurio” el jueves 24 a las 09.00 horas, la cual no ha sido publicada hasta el momento de escribir estas líneas, las 11.50 del domingo 27 de septiembre de 2020: 

“Antes de Ir Presos

“Señor Director: 

“Antes de que ello constituya el delito de “negacionismo”, según el proyecto aprobado en la Cámara, que terminaría con usted y yo presos por publicar lo que sigue, le solicito reproducir el siguiente párrafo del libro “Out of the Ashes”, de James Whelan, p. 711:

“Ninguna estuvo más envuelta (en el tema de los DD., HH.) que la Cruz Roja Internacional. Representante, el doctor Jean Francois Bonard, quien dijo: ‘Podía ir a cualquier prisión en Chile, en cualquier momento, para ver a cualquier preso. No tenía que hacer una cita o advertir al establecimiento penal que iría. También dijo que los doctores de la Cruz Roja tenían permiso inmediato y no calificado para entrevistar a cualquier preso, salvo los que estuvieran incomunicados.’
“Cuando Heritage Foundation visitó Chile (1986) sólo había un incomunicado. 
“La impresión de Heritage Foundation fue que el gobierno parecía dedicado a erradicar los abusos”. Hasta ahí mi carta al director.

Esa cita de un libro de historia sirve de prueba de que el gobierno militar chileno procuraba respetar los derechos humanos, aun en medio de la agresión guerrillero-terrorista de que era víctima. Y así había sido desde los primeros años del régimen. Otra cita pertinente, pero que no incluí en la anterior carta al director en aras de la brevedad, fue la siguiente:

“El 5 de agosto de 1974 prestó declaración ante el Subcomité de Asuntos Interamericanos del Comité de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos el Senior Fellow de la Brookings Institution de ese país, Ernest W. Lefever, que nos había visitado para formarse una impresión de las circunstancias que se vivía en Chile y, llegado al punto de preguntársele si el Gobierno Militar había abusado de su poder, emitió el siguiente juicio, que destaco por lo equilibrado y objetivo y hago mío acerca de este tema, recordando que entre el 11 de septiembre de 1973 y agosto de 1974 tuvieron lugar las muertes de los dos tercios del total de los fallecidos en la lucha subversión-gobierno hasta el 11 de marzo de 1990. Declaró míster Lefever ante el Subcomité de la Cámara:

“Altos funcionarios de gobierno libremente admiten que ha habido abusos contra sospechosos, incluyendo la tortura por parte de interrogadores movidos por excesivo celo. Pero ellos apuntan a extenuantes circunstancias, incluyendo la acción de francotiradores que disparan contra policías y soldados y un clima emocional de odio generado por los militantes marxistas.

Uno también podría añadir que la inexperiencia total de los militares en el arresto e interrogatorio se manifiesta en individuos súbitamente ubicados en una posición de autoridad. Debería hacerse notar que los estudiosos de las prácticas policiales y de las prisiones de América Latina muestran un mínimo de tales abusos en todos los países, que está propenso a aumentar en los tiempos de turbulencia y confusión.

“Tal vez más importante, yo no encontré pruebas de que las autoridades militares superiores alguna vez hayan ordenado o aprobado el abuso contra los sospechosos, aunque se podría defender la tesis de que no hubieran actuado temprana ni vigorosamente como habrían podido hacerlo para eliminar esos abusos. Estos fueron condenados a comienzos de este año y al menos cinco chilenos fueron arrestados, enjuiciados y castigados por los abusos contra sospechosos, uno condenado a 15 años de prisión. Más aún, de acuerdo con el testimonio de observadores chilenos y extranjeros, los atropellos más serios fueron virtualmente eliminados ya a fines de abril de 1974. De ahí que los hallazgos de norteamericanos que visitaron Chile antes de esa fecha, incluyendo testimonios en las audiencias sobre Derechos Humanos en el Subcomité de Organizaciones y Movimientos Internacionales de la Cámara de Representantes, están desfasados”.


Lo anterior aparece en el libro, editado por Francisco Orrego Vicuña, “Chile: The Balanced View”, 1974, p. 277.  

Que el hecho de citar antecedentes históricos antiguos, como los anteriores, probatorios de la política de respeto a los DD. HH. bajo el gobierno militar, sea constitutivo de delito y se pretenda castigar con tres años y un día de presidio su publicación, de acuerdo al proyecto de ley comunista aprobado en la Cámara de Diputados, habla muy mal del respeto al derecho humano a la libertad de expresión bajo el parlamentarismo de facto que impera en el Chile de hoy.

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