La revolución marxista-leninista en curso tenía como blanco preferente el edificio más alto de Sudamérica, el Costanera Center, cuya construcción un empresario inició cuando se creó el modelo de sociedad libre en Chile, es decir, bajo la presidencia de Augusto Pinochet. Los revolucionarios de hoy querían convertirlo en la tea ardiente más alta de Sudamérica. No han podido, gracias a las medidas tomadas por el dueño, pero no han renunciado a ello.

Nunca más se construirá en Chile un Costanera Center, porque es evidente que, de acuerdo a los vientos que corren, nunca más habrá un gobierno de derecha que garantice la propiedad y la libertad que hicieron ese proyecto posible. Por el contrario, estamos entrando a ser “Chilezuela” y con amplio apoyo popular. Como “Júpiter ciega a quienes quiere perder”, hay el doble de parlamentarios ¡de derecha! a favor de la Constituyente que partidarios de mantener la última tabla de salvación, la Constitución actual. Acerca de ésta mucho se miente. Pues se olvida que ha sido la más ratificada por el pueblo en sucesivas ocasiones después de 1980, cuando fue aprobada por el 67 %. En 1989 y 2005 fue ratificada por mayorías cercanas a 90 %, en sucesivos plebiscitos inobjetables. En 2005 la firmó el propio Lagos y la proclamó como ejemplarmente democrática.

Es que este país hoy parece endemoniado. Ayer vi el video de una veintena de mujeres jóvenes y completamente desnudas bailando en la Alameda, frente al Crown Plaza. Gritaban contra Carabineros, se contorsionaban, lanzaban alaridos guturales, algunas caían al suelo y finalmente terminaron en una orgía de empujones mutuos. Mientras, un vendedor de helados, el único cuerdo en la escena, continuaba impertérrito voceando su mercadería. En eso se ha convertido “la joya más valiosa de la corona latinoamericana”.

Todos en ella razonan en torno a una gran mentira: que ha habido “un estallido social”. ¡Falso! Ha habido un “estallido delictual”. El delito se ha impuesto y reina en el país. Funaron al senador socialista Insulza por haber dicho  una verdad elemental: que nunca se debió haber permitido saltarse las barreras del Metro. Cuando el Gobierno transigió en eso comenzó todo. Si ello se hubiera reprimido con energía, tal vez no habría sobrevenido nada de lo demás. 

Segunda mentira generalizada: “el modelo ha hecho crisis”. Falso. Al modelo le debemos haber sido proclamados como “la joya más preciada de la corona latinoamericana”. Lo que ha hecho crisis es el Estado, pues el gasto social que financiamos los contribuyentes no les llega a los pobres. Si les llegara a los del 20 % de menor ingreso, cada familia tendría dos y medio millones de pesos mensuales, es decir, no habría pobres y Chile sería uno de los países más igualitarios del mundo. Así es que el problema social y el de la desigualdad se originan en el Estado y no el mercado.

Pero todo el mundo dice que la desigualdad nace del “modelo”. Porque Júpiter ciega a quienes quiere perder. Y Chile está hoy perdido.

Como no hay autoridad, reina el delito y el país está paralizado por una huelga ilegal de funcionarios estatales. Si hubiera autoridad, se aprovecharía para despedir hoy mismo al exceso de burócratas que no se presentaran al trabajo, porque los funcionarios públicos, por ley, no pueden declararse en huelga. Pero tenemos un gobierno que no es capaz de hacer respetar la ley.

El Estado nunca va a solucionar los problemas, porque es el problema, pero acá estamos dedicados a perseguir al mercado, que es la solución, y no a reducir el Estado. Es que Júpiter ciega a quienes quiere perder.

La politización del estallido delictual ha llevado a que hasta el campeonato de fútbol haya debido suspenderse, porque jugadores de izquierda, de sueldos millonarios, han querido así contribuir al caos revolucionario y a la paralización del país. Y éste,efectivamente, se está paralizando. 

La revolución marxista-leninista quiere derribar a Piñera porque ahora, cuando faltan menos de dos años para la próxima elección, su reemplazante lo designaría el Congreso Pleno, donde tiene mayoría la izquierda. Es decir, quieren consumar el retorno de Chile al socialismo con un Presidente de izquierda.

De la anterior revolución socialista, la de 1970 a 1973, nos libró un Pinochet. Pero les tengo otra mala noticia: nunca más habrá un Pinochet, porque la Unión Soviética lo demonizó en todo el mundo, incluido Chile. 

¿Despertará Chile a la razón? Somos muy pocas las voces que hacemos algo por despertarlo. Si gana el “No” en abril se podría contener la hemorragia económico-social que estamos sufriendo por la incertidumbre. Si gana el “Sí”, la hemorragia se prolongará por más de un año y tal vez por dos. Difícilmente el enfermo la resistirá. Pero, si sobrevive, todavía habrá un “plebiscito de salida” que, si lo ganara el “No”, podría al fin y al cabo y si no es demasiado tarde, salvar a la Constitución actual y al modelo, tras enormes pérdidas nacionales y sociales. En fin, también en 2021 habrá otra elección presidencial donde, según todos los precedentes nacionales, el candidato del orden y la legalidad debería ganar.

En conclusión, mientras no quemen el Costanera Center, e incluso después de dos años adicionales de agonía, Chile podría volver a respirar. Pero la plata del uno por ciento más rico, que en estos días se está yendo apresuradamente al exterior, difícilmente alguna vez va a volver para que la izquierda de nuevo se la vuelva a seguir tratando de apropiar.

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