Los nuevos derechistas vienen todavía más acomplejados que los antiguos, lo que ya es mucho decir. Entre los actuales columnistas de derecha destaca Pablo Ortúzar, que escribe hoy en “La Tercera” un artículo increíble, titulado “Pinochetismo Chino”, del cual lo más destacable es su “political correctness” y su ostensible pánico a que los comunistas le digan “facho”.

Su tesis es que al gobierno de Piñera le han faltado pantalones para criticar la falta de democracia en China, siendo que ha sido tan enfático para criticar por eso a Venezuela. ¿Y qué habría hecho él? ¿Romper relaciones con nuestro principal socio comercial para obligarlo a admitir la pluralidad de partidos políticos y a llamar a elecciones? ¿En qué mundo vive este niño?

En el del irrealismo y, además, de la ignorancia supina, pues dice que en China está en vigor “el discurso pinochetista”: economía libre atropellando los derechos humanos. En este último aspecto ha comprado completo el libreto comunista.

Es que estos nuevos “centro-derechistas aggiornados” son tipos muy ignorantes. ¿Cómo pueden comparar un régimen como el militar chileno, acosado por una amenaza armada terrorista pertrechada desde el exterior y que alimentó al MIR y, especialmente, al FPMR (que los propios norteamericanos reconocieron que había ocasionado más muertes en Chile, en 1985, que la represión militar y que había hecho el desembarco clandestino de armas más voluminoso conocido en América Latina). ¿Cuáles son los actuales equivalentes en China del MIR y del FPMR, que justificarían allá la represión que se justificó acá?

¿Cómo puede un comentarista comparar la Constitución de 1980 que, tras un período de transición, estableció el pluralismo político y la plena democracia, junto con la libertad económica, la libertad personal y de expresión y el recurso de protección contra abusos, con un régimen totalitario y de partido único (el comunista), como el de China, que ha abrazado el capitalismo exclusivamente en aras de la pragmática conclusión de que bajo el socialismo la economía no funciona?

¿Qué tienen los comunistas locales que logran infundir en los demás tanto miedo como para hacerlos decir las cosas que ellos quieren que digan (en este caso denostar al mayor enemigo del comunismo en el mundo en el siglo XX, Augusto Pinochet)?

Pues los rojos logran infundir tal pánico que en Chile se les ha permitido erigirse en clase privilegiada, obteniendo enormes beneficios económicos, léase pensiones, servicios de educación y salud gratuitos e indemnizaciones millonarias judicialmente decretadas. La Subsecretaria de DD. HH. Lorena Recabarren, y antes el ministro del ramo, Hernán Larraín, reconocieron que ya se había dado al extremismo de izquierda 6.200 millones de dólares y que se reservaba otros dos mil millones para los próximos cinco años, lo cual constituye a la extrema izquierda en una clase privilegiada financiada por el Estado.

Y, de paso, Piñera ha sido el principal coautor activo de una prevaricación judicial sin precedentes en el mundo, que condena sin aplicar las leyes a los militares que derrotaron la asonada armada marxista. ¿Qué mejor donativo de esa derecha acomplejada a la secta roja que brindarle en bandeja, mediante fallos ilícitos, las cabezas de aquellos a quienes la propia derecha y los kerenskys llamaron en 1973 a “arreglar con fusiles” la situación de inminente toma del poder por los rojos que amenazaba al país?

Los únicos derechistas sin complejos que les dicen las verdades en su cara a los rojos no son chilenos y se llaman Donald Trump y Jair Bolsonaro. Vergüenza para los acomplejados derechistas locales y en pánico, que predican fake news absurdas y se permiten comparar al segundo libertador de Chile, y a la Junta que presidió, con gobernantes totalitarios como Mao Tse Tung o Deng Ziao Ping.

¿Hasta cuándo van a arrancar?