Es un trámite aparentemente sencillo: firmar para que se constituya Fuerza Nacional, cuya Declaración de Principios coincide con los míos, pues rinde tributo al legado del Gobierno Militar y condena a la dictadura judicial que mete presos a quienes derrotaron a los hoy esfumados terroristas de izquierda. 

Si formar un partido fuera un asunto entre privados, bastaría un correo electrónico comunicando mi adhesión y hasta un llamado por teléfono (“esta conversación podría ser grabada”.) Pero aquí “¡es el Estado, estúpido!” El Servicio Electoral me informa que, para firmar por el partido, antes tengo que obtener “clave única”. 

Clave única, partido único, Big Brother, hombre nuevo, todo difícil y escaso: es decir, socialismo. Y para tener “clave única” tengo que ir personalmente al Registro Civil, en un país donde lo más difícil es ir personalmente a cualquier parte, porque toma dos horas. Y sospecho que donde más se espera, salvo las urgencias de los hospitales públicos y las cajas para cobrar un cheque en un banco, es en el Registro Civil. Me resigno mascullando “¡es el Estado, estúpido!”

Voy entonces a una oficina del Registro Civil con una de esas amplias plateas de “pacientes” que esperan. Uno del público, al entrar, murmura, “están llegando los personajes”, sin buena onda, pero le agradezco con la mirada. En la desgracia (o sea, la espera) todos los chilenos somos iguales. Busco la pantalla para sacar un número, esperando que me dé el A60 cuando van en el A30. Pero no tiene la alternativa “Clave Única”, que es la que yo necesito. Me repito a mí mismo “¡es el Estado, estúpido!” y miro en derredor sin saber qué hacer. Entonces diviso un letrero que dice “CLAVE ÚNICA”, ante el cual hay una fila de haitianos con uno que otro chileno entremedio, y simplemente me sumo a la cola. Avanza rápido. En el letrero dice, además de CLAVE ÚNICA, “Zuamgepeyel chillka”, en un idioma que en Chile nadie conoce pero es políticamente correcto; y también dice “certificates”, debiendo decir “universal code” o “unique code” o algo así. 

Llego a la ventanilla y un funcionario me pide el carnet e imprime una hoja en que ¿me da mi clave única? No, por supuesto, no puede ser tan fácil: “¡es el Estado, estúpido!”. En la hoja hay un código para que en mi casa consulte www.claveunica.gob.cl/activar y, se supone, la obtenga.

Pero llego a casa, voy al indicado sitio del Servel y me piden una contraseña. Y luego me piden que la escriba de nuevo. Y también aparecen un círculo y una figura, bajo los cuales dice “no soy un robot”. Sin estar muy seguro de no serlo, hago clic ahí. Luego dice, junto a un cuadrado: “aceptar los términos del convenio”, pero no hay ningún convenio. “¡Es el Estado, estúpido!”, me digo. Hago clic en el cuadrado sin saber qué convenio estoy aceptando. 

Hago clic en “continuar” y entonces el Estado me felicita, porque ya tengo mi clave única. Pero no la veo por ninguna parte. Hay sólo dos alterativas, “Activar clave única”, que es lo que acabo de hacer, o “Recuperar clave única”. Hago clic en ésta. Entonces me dice que han mandado un código a mi correo electrónico y lo use. Voy al correo, copio el código y vuelvo a claveunica.gob y lo escribo, pero entonces me dice que no es el código correcto. Intento seis veces saber mi clave única y las seis veces me mandan otro código y luego me dicen que no es el correcto. Entonces, convencido de que el estúpido soy yo, voy a tener que esperar a que alguna nieta o nieto rescate mi Clave Única y me la dé a conocer. 

Mi firma para que exista Fuerza Nacional, la única colectividad cuyos principios coinciden con los míos, tendrá que esperar. 

El sistema se llama “democracia” y pienso que en él el único que está bien es “¡el Estado, estúpido!”.