Napoleón estaba enfermo el día de la batalla de Waterloo, pues si hubiera estado sano jamás habría permitido que el mariscal Grouchy, al cual había enviado a seguir a los prusianos de Blücher, hubiera restado sus 30 mil hombres del frente crítico de la batalla, con el resultado de que Blücher volvió antes al combate principal y fue decisivo en el triunfo de la coalición prusiano-holando-británica, mientras Grouchy, a su zaga, sólo llegó a la hora nona, cuando la derrota francesa –que se habría evitado si su división hubiera vuelto antes– ya estaba consumada.

A Napoleón en su plenitud jamás le habría podido ocurrir. A Sebastián Piñera en su plenitud tampoco le habría podido ocurrir que se le dieran vuelta en contra parlamentarios de su propia coalición, sobre todo en un proyecto decisivo como el de la devolución del 10 % de los fondos previsionales. Al contrario, él estaba acostumbrado a dar vuelta a los adversarios que eran mayoría, como en el caso de la comisión investigadora de su compra de acciones con información privilegiada, en 2010, donde sus opositores tenían mayoría de 5 a 3 para pedir a la Bolsa la grabación de la voz que dio la orden de compra (él se defendía diciendo que la había dado “un programa automático”, pero la grabación habría revelado una voz perfectamente conocida y nada de “automática”). Sin embargo, triunfó Piñera 5 a 3, no hubo acuerdo para obtener la grabación y la comisión investigadora presidida por Jorge Burgos fracasó. 

O cuando después la sala de la Cámara, de nuevo con mayoría concertacionista y de izquierda de 31 votos a 18, debía aprobar o rechazar el informe desfavorable a Piñera de la comisión investigadora de su compra de acciones a la peruana Exalmar, pero alguien dio vuelta esa mayoría adversa y ésta rechazó el informe desfavorable a él. 

Esta vez era, teóricamente, mucho más fácil que eso rechazar en la Cámara el retiro del 10 %, sólo evitando que se diera vuelta un trío de diputados propios. Bastaba hacerles un ofrecimiento que no pudieran dejar de aceptar. Y, sin embargo, ni siquiera se pudo lograr eso. Y después ahora, en el Senado, parece que tampoco el Presidente será capaz de evitar que se le den vuelta un par de senadores propios, lo que años atrás habría sido “pan comido” para un Sebastián Piñera en la plenitud de sus facultades. 

Algo está fallando. Algo le falta a su equipo. Yo creo saber lo que es, pero no lo voy a decir. Y esa carencia le ha generado a Piñera su propio Waterloo y una situación política delicada. Ya un cuarteto de lúcidos comentaristas y twitteros dan por fracasado su segundo gobierno e incluso ponen en duda su permanencia a la cabeza del poder. 

Yo creo que exageran. Sacar a un gobernante en Chile demanda un alineamiento de los astros que se da cada mil años. Un Merino que manda un papelito señalando el día D y la hora H, el cual firman los otros comandantes en jefe, y todo eso antecedido por un Acuerdo de una mayoría política sustancial, que convoca a hacer lo que dice el papelito… eso no va a volver a pasar. No le pidan a la Virgen del Carmen lo que no puede dar. 

Además, el Waterloo de Piñera y de Chile Vamos ya se anunció cuando hubo rendición incondicional ante el adversario el 15 de noviembre y Chile, dicho “con respeto”, como se advierte ahora antes de lanzar una barbaridad, ya se jodió. Y el 82,5 % de la gente, según las encuestas sobre el proyecto del 10 %, está de acuerdo en que definitivamente se joda.
Aprendamos a vivir con eso, porque “lo demás es música”, como decía Lavín cuando, junto con Longueira, presentaban ese video falso que indujo a la mayor parte de la derecha en 2017 a meternos en esto, votando por Piñera y no por Kast.

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