Todos los que entienden algo del tema están de acuerdo en que el retiro del 10 % del ahorro previsional es un disparate, pero ese disparate cuenta con el apoyo del 83 % de la gente, según las encuestas. Y eso explica que parte de los parlamentarios de gobierno se hayan pasado a la oposición. “El gobierno y la oposición unidos jamás serán vencidos”.

Es que la mayoría, sobre todo en estos tiempos de estrechez, no entiende razones y le importa un rábano que el sistema previsional y el país se vayan al cuerno, como se van a ir. Lo único claro que tiene es que va a recibir plata, la que sea, en diez días.

Como el proyecto es un disparo al corazón del sistema previsional, que a su vez es el corazón del  modelo económico que le permitió al país pasar de último del hemisferio, detrás de Haití, con hiperinflación, escasez y caída del producto, en 1973,  a “el primero del curso” en 1990, tras “el milagro chileno”, muchos dicen que estamos en “el principio del fin”. Según la carta de Claudia Sanhueza y Gabriel Boric de hoy en “El Mercurio” estamos, definitivamente, pasando a un sistema de reparto como el que había antes del DL 3.500, sistema causante de las mayores injusticias sociales, los mayores abusos de los políticos y el mayor déficit público conocido en 1973. 

Este proyecto del 10 % representa la segunda mayor derrota política sufrida por el actual gobierno. Pues la primera la sufrió el 15 de noviembre pasado, cuando se rindió a la izquierda violenta, entregó la Constitución y pasamos a depender de “una hoja en blanco”. 

Y esta segunda claudicación se ha debido a que parte decisiva de los diputados de gobierno se pasaron a la oposición. Esto es considerado una derrota tan grave del régimen que uno de un whatsapp se ha atrevido a preguntar si se suicidará Piñera. Por supuesto que no. Él jamás le haría ningún daño a la persona que más quiere en el mundo, pero podría ordenarle a Blumel que se suicide, como responsable político de este segundo desastre, o que, en subsidio, se vaya para la casa, como tuvo que irse Chadwick después de regalar la Constitución.

Nada de esto es lo que necesita el país, por supuesto. Éste requiere que el Estado se reduzca y los políticos y su clientela devuelvan la plata que el modelo entregó para los pobres y ellos y sus apitutados se han llevado para la casa. La economista Bettina Horst probó, en columna de 15 de marzo de este año, que el tamaño del gasto estatal se multiplicó por siete entre 1990 y 2019, en términos reales. El economista y ex Director de Presupuestos, Rodrigo Cerda, según “El Mercurio” de 27 de mayo de este año, señaló que los funcionarios públicos ganan 32 % más que los de equivalentes funciones en el sector privado. Y la misma Bettina Horst añadía que si se redujeran en diez por ciento las remuneraciones de la burocracia dorada, TODAS las pensiones del sistema previsional pasarían a ser de un mínimo de $400 mil mensuales. ¡Ahí está la plata! ¡Ahí está la solución!

¡Que los políticos se vayan todos, no sin antes devolver la plata! Y Piñera se vaya a algún paraíso fiscal donde tenga parte de su fortuna.

Que el Senado rechace el disparatado proyecto del 10 %.

Que cuando pase la pandemia las policías y, si es necesario, los militares, sean autorizados para usar sus armas para reprimir a los violentos y pacificar el país, con garantía de inmunidad.

Que los Presos Políticos Militares sean liberados y, en su lugar, vayan a cumplir condena a Punta Peuco los jueces prevaricadores que los mandaron para allá, tras, ahora sí, un debido proceso.

¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!

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