En su discurso ante las Naciones Unidas, Sebastián Piñera confirmó algo que muchos sabíamos: que no es partidario del programa de gobierno de ChileVamos sino del de la oposición. Y eso se explica porque Chile Vamos siempre fue del “Sí”, desde 1988; Piñera siempre fue del “No”, salvo un breve interregno en que saltó al “Sí” en la campaña de Büchi, para mal de Büchi. Pero hace muchos años que él comparte el pensamiento de los actuales opositores. Lo único inexplicable es que la derecha lo haya hecho dos veces su candidato. 

Recuerdo haber llamado la atención, en su primer gobierno, acerca de que se declarara en completo acuerdo con los estudiantes de izquierda que lo pusieron en aprietos con sus manifestaciones masivas y violentas. Pese a ello, ante las Naciones Unidas, también entonces, él declaraba compartir los propósitos de ellos, salvo, supongo, el principal y más evidente que tenían, que era derrocarlo a él. 

A raíz de la insurrección violenta de octubre pasado también Piñera declaraba compartir las inquietudes de quienes la protagonizaban. Por eso el periodista peruano Jaime Bayly, en su programa televisivo desde Miami, se burlaba de él y lo llamaba “mamerto”, por ser el único que no se daba cuenta de que los insurrectos querían derribarlo.

Ahora, de nuevo ante las Naciones Unidas, les vuelve a dar la razón a sus opositores y critica el modelo socio-económico chileno al afirmar: “Durante estos 30 años no supimos aprovechar con fuerza las capacidades del crecimiento para disminuir las desigualdades, frenar abusos, avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades”. Es la misma crítica de sus opositores. Y totalmente infundada.

Pues quienes defendemos el modelo de sociedad libre destacamos que éste haya disminuido las desigualdades y reducido la pobreza. Pero culpamos a la clase política de haber multiplicado por siete el tamaño del Estado y haberse quedado con el dinero que el modelo destinaba a los más pobres, tanto que si el gasto social realmente llegara al quintil de más bajos ingresos, éste dejaría de ser pobre, pues quienes pertenecen a él tendrían un ingreso de dos millones 400 mil pesos mensuales por familia. 

El modelo de sociedad libre ha entregado los recursos para remediar las carencias sociales, pero la clase política y su clientela electoral se han quedado con el grueso de ellos.

Lo mismo en materia previsional: si la burocracia dorada no se hubiera quedado con el grueso del gasto social ni autoasignado remuneraciones más altas que las del sector privado a iguales funciones, podría no haber ninguna pensión de menos de 400 mil pesos mensuales. La economista Bettina Horst, de Libertad y Desarrollo, ha comprobado que con sólo reducir en diez por ciento las remuneraciones de la burocracia estatal se podría garantizar ese nivel mínimo a todas las pensiones.

Lo que el país necesita es un gobernante que cumpla un programa como el de ChileVamos, en lugar de entregarle a la oposición el destino institucional del país y la posibilidad de cambiar el modelo de sociedad libre, como lo ha hecho Sebastián Piñera.

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