Cuando la conductora Tonka Tomicic me expulsó del programa “Bienvenidos” de canal 13, por defender la política de derechos humanos del gobierno militar, la gente se dio cuenta de que algo andaba mal en nuestra convivencia democrática y de que se había perdido la tolerancia. 

Nótese que el dueño del canal, Andrónico Luksic, tuiteó ese día diciendo que había sido un error convidarme y pidiendo perdón a la audiencia por ello, es decir, cohonestó la censura. Pero después el director del canal me llamó y me dio amplias explicaciones, que yo acepté.

En todo caso, a la gente le quedó dando vueltas en la cabeza la idea de que la censura previa de las opiniones no es compatible con la libertad de expresión. Hoy mismo viene en “El Mercurio” un artículo del Obispo Emérito Alejandro Goic y del presidente de la Comisión Justicia y Paz de Rancagua, Ramón Galaz, llamando a “recuperar el alma de Chile”, donde dicen: “El diálogo cambió por la algarada, la reflexión por la funa –el cobarde ataque en patota– o bien simplemente se impide por la fuerza la realización de algún foro, se destituye a profesores o se cierra la televisión al que lleva posiciones indeseadas”. (La cursiva es mía).

Pero el clima de intolerancia no lo han instalado sólo el comunismo y la extrema izquierda, sino un aliado ocasional de ambos, el piñerismo de derecha. Este último controló por largo tiempo el Colegio de Abogados y en marzo de 2015, cuando yo mandé a su Revista del Abogado un artículo criticando la antijuridicidad de un fallo que desconocía preceptos penales básicos, se negó a publicarlo. Practicó la censura previa. Sin ninguna explicación. Hizo lo mismo que Tonka Tomicic: me echó para afuera y excluyó mi opinión.

Entonces yo publiqué ese mismo artículo en este blog el 27 de marzo de 2015, bajo el título de “Artículo Impublicable en la Revista del Abogado”. A la sazón ha tenido 2.063 lecturas y 99 comentarios.

Fue exactamente lo mismo que en “Bienvenidos”, como dicen Goic y Galaz: “se cierra la televisión (en este caso la revista) a posiciones indeseadas”. En eso la extrema izquierda y el piñerismo de derecha son aliados, como además lo son en un pacto tácito de persecución ilegal contra los militares que combatieron el terrorismo marxista, y en la denostación del gobierno militar y la consagración de una verdad histórica “oficial”, a través de una legislación que pretende castigar el “negacionismo”, como llaman a todo lo que contradiga la versión marxista-piñerista de la historia reciente. 

Nótese que la derecha piñerista no ha vota en contra de ese proyecto, sino que se abstiene. El mismo sigue su trámite en el Congreso y ha sido bautizado por algunos académicos como de “Cárcel para los Historiadores”, no obstante que uno de sus patrocinadores, el senador Navarro, me ha honrado al llamarlo “Ley Hermógenes”.

Si sus parlamentarios se han abstenido, Piñera mucho menos lo va a vetar cuando se apruebe en el Congreso. En él tienen depositadas sus esperanzas el piñerismo y la extrema izquierda, cuyo diputado Vidal ha anunciado hoy, ante una fotografía del diputado Ignacio Urrutia en que aparece a sus espaldas una imagen del Presidente Pinochet, que cuando la ley contra el “negacionismo” esté vigente, a Urrutia lo va a meter preso.

Además, hay otras formas de censura piñerista: durante seis años, 2010 a 2016, mi blog fue publicado al menos semanalmente por el diario digital de izquierda “El Mostrador”, que es el de mayor lectura entre sus similares. Pero en su segunda campaña presidencial supongo que Piñera consideró que no podía tolerar eso y “El Mostrador” dejó de publicarme, por primera vez en seis años. Sintomática y simultáneamente un connotado piñerista abordó al dueño de otro diario digital, “Chile Informa”, el periodista Fernando Martínez Collins, y le ofreció triplicar sus ingresos si dejaba de publicarme, como siempre lo hace habitualmente, pero Martínez se negó, porque está hecho de otra fibra moral que el piñerismo. Y me sigue publicando hasta hoy, acrecentando así constantemente el lucro cesante derivado de no haberse dejado sobornar.

Para recuperar nuevamente “el alma de Chile”, que es lo que piden el obispo emérito Goic y el diocesano Galaz, el país debe dejar atrás la actual alianza del piñerismo con el marxismo-leninismo, que practican la censura previa de las opiniones y que, en este momento, como escribí ayer, nos mantienen bajo un régimen institucional de facto incompatible con los fundamentos de una sociedad libre y democrática. 

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