No sé cómo puede haber todavía gente que se niega a creer que la Virgen del Carmen hace milagros para salvar una y otra vez a Chile. Hasta hace poco los agentes de Satanás en el país tenían convencida a una mayoría de que las AFPs les robaban la plata de sus cotizaciones previsionales para entregarla a grandes empresarios de derecha que se quedaban con ella. 

Más de un millón de convencidos de eso salieron a las calles el año pasado a desfilar al son de “No + AFP”. Entonces, a poco andar, los parlamentarios satánicos, violando la Constitución, presentaron un proyecto (aunque sólo podía ser de iniciativa presidencial) para poder retirar el 10 % de los fondos para la jubilación. La unanimidad de los economistas, de izquierda a derecha, lo consideró, además, inconveniente. Pero cualquier disparate inconstitucional tiene, en el congreso y bajo el gobierno actuales, una gran probabilidad de convertirse en realidad, y así fue. El presidente, que por lo único que se guía es por las encuestas, vio que el 86 % apoyaba el disparate y entonces, en lugar de vetarlo o pedir al Tribunal Constitucional su anulación, lo promulgó y publicó como ley. 

Entonces la gente se fue “de hacha a romper el chanchito” y cobrar su 10 % –que en el caso de los que tenían menos cotizaciones llegó al 44 %  de sus fondos– y ¡sorpresa!, se encontró con que su plata no sólo “estaba ahí” donde decía el DL 3.500 del gobierno de Pinochet y su ministro José Piñera que iba a estar, sino ¡multiplicada por tres! Pues, por cada peso descontado por planilla, las AFP habían hecho ganar a cada afiliado dos pesos más, prestando los fondos a empresas que producían cosas y hacían crecer la economía y después los devolvían con intereses, en lugar de llevarse la plata para la casa, como lo hace la burocracia satánica actual; o de regalársela como indemnización a los guerrilleros comunistas, como lo hace la dictadura judicial roja desde hace veinte años. 

Resultado de la intervención de la Virgen del Carmen: el sistema de AFP ganó una enormidad en prestigio popular; ahora la gente no quiere que su 90 % restante ni el aumento de cotización del 6 % de la reforma previsional vayan a manos del estado sino a su cuenta personal; y al Satanás rojo “le ha salido el tiro por la culata”. ¿Ha sido o no otro milagro de la Patrona de Chile?

Pero “el peso de la noche” sigue aplastando al país. Hay una gran posibilidad de que el “Apruebo” triunfe en el plebiscito que ha impuesto por la fuerza de la violencia el actual parlamentarismo de facto imperante en el país. 

Como “Júpiter ciega a quienes quiere perder”, hoy he visto en el diario que hasta un ejecutivo de una firma financiera dice que hay gran confianza, en Chile y en el exterior, en que un amplio triunfo del “Apruebo” hará subir de precio las acciones chilenas. Afirma que los inversionistas extranjeros piensan lo mismo. Si son norteamericanos, puede ser. Recuérdese cómo persiguieron al mejor gobierno chileno del siglo XX, que derrotó a la guerrilla comunista, alineándose aquéllos con la URSS en la condena de nuestro país ante la ONU. Recuérdese cómo la Secretaria de Estado Madeleine Albright, cuando vino para acá en 2000, aplaudió el ilícito desafuero del senador Pinochet aprobado por la Corte Suprema y fraguado por el comunista Hugo Gutiérrez. Los norteamericanos son especialistas en entregar países a las manos del comunismo. El New York Times no se cansó de apoyar a Castro. Ese diario y el Washington Post ayudaron a  los demócratas a entregar Vietnam a los comunistas e Irán a los ayatollahs. Y ahora, en los propios EE. UU., quieren liquidar al presidente de derecha y anticomunista que salió elegido pese a todos ellos. 

Y acá, por nuestra parte, “el peso de la noche” es demasiado grande. Yo pienso que, si se produce el triunfo del “Apruebo”, será un desastre total para Chile. Y conste que lo creo muy probable, puesto que toda la oposición está tras él y ayer en “La Tercera” he visto que hay diez de diecisiete ministros del gobierno también por el”Apruebo” y sólo una minoría de siete por el “Rechazo”; y cuatro o cinco “en reflexión”. Y Piñera, por cierto, también está a favor del “proceso constituyente”, como lo dijo en el propio discurso de rendición incondicional ante los satánicos en noviembre pasado

De modo que la salvación de Chile es muy improbable. Tanto que ni siquiera me atrevo a pedírselo a nuestra Patrona, pese a que, al paso que vamos, con tanto chileno ejerciendo su sagrado derecho a ser imbécil, es la única que puede salvarnos.

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