El entreguismo es un rasgo presente desde antiguo en la política chilena, pero se ha intensificado al extremo bajo el actual des-gobierno. Consiste en rendirse frente a las presiones del adversario y, para decirlo en buen chileno, “darse vuelta la chaqueta”. Ya expliqué en blog anterior el origen histórico de esta expresión, lo que fue glosado documentadamente por un letrado comentarista.

El partido entreguista por antonomasia en Chile es la DC, que en Europa es de derecha pero acá se ha entregado siempre a la izquierda. Aylwin, que el 73 “gatilló” el golpe (ya he explicado cómo), el 90 “se entregó” a siniestra, indultó a los terroristas presos y persiguió a los militares que los habían combatido y derrotado a instancias de aquél, entre otros. Resultado: hoy tenemos 200 presos políticos militares y una dictadura judicial de izquierda que sustancia cerca de 1.500 procesos ilegales más contra ex uniformados.

Después la derecha misma “se entregó” a un DC en 2010 y el mal se generalizó, al punto de que su actual gobierno se ha entregado totalmente a la izquierda. Es que el entreguismo goza de gran popularidad, al punto de que hoy encabeza las encuestas un UDI más entreguista que nadie, Joaquín Lavín, autor de la “Revolución Silenciosa”, un  panegírico al modelo y al régimen militar, ahora ya completamente pasado al bando contrario. Tanto que afirma en CNN haberse “cambiado de traje”, ser partidario de “otro modelo”, “otra Constitución” y aprestarse a votar “Apruebo” en abril.

A su turno, el presidente de RN, Mario Desbordes, también se ha entregado completamente y su única dificultad es que la mayoría de los diputados y ocho de nueve senadores de su partido han resistido, mantenido sus posiciones y votarán “Rechazo” en abril. Pero Desbordes ha cosechado gran popularidad, por contraste con su par presidente de la UDI, Jacqueline van Rysselberghe, que ha sido la menos entreguista y eso le ha significado un castigo en la encuesta CEP, donde obtiene el mayor rechazo y la menor aprobación de todos los personajes públicos.

Es que el pueblo que vota y opina en las encuestas es, a su turno, completamente entreguista. Por eso yo nunca le he tenido confianza, desde que me enteré tempranamente que recibió con flores en Jerusalén a Jesucristo y días después exigió a Pilatos crucificarlo, a la par que dejara en libertad al peor de todos, el bandido Barrabás. Fue algo así como enlodar al salvador de un país junto con levantarle una estatua al que lo arruinó, declarando a este último, por añadidura, “el chileno más grande de todos los tiempos”. 

Pienso que el entreguismo debería aprovechar y formar un partido político aparte, pues triunfaría y hasta llegaría a ser hegemónico. Su presidente honorario debería ser Sebastián  Piñera, por haber entregado todo, programa, ideas, principios, fundamentos morales, el Cuerpo de Carabineros y el bastión fundamental de la democracia estable, la Constitución. El presidente en ejercicio debería ser Joaquín Lavín y el primer vicepresidente, Mario Desbordes. También en la directiva deberían estar Jaime Bellolio, el diputado más entreguista de la UDI; los hermanos Ossandón, por supuesto, que no han dejado nada por entregar; y Evópoli casi completa.

El pueblo, en un 78 %, según la encuesta CEP, favorece los acuerdos políticos transversales. Como todos sabemos, éstos consisten en plegarse a lo que propone la izquierda, es decir, en “entregarse”. 

Conclusión: al Partido Entreguista, si se forma, le espera un gran futuro electoral.

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