Desde que hace quince años Juan Emilio Cheyre declaraba que el 11, que caía en sábado, era “como cualquier otro sábado”, hasta la máxima canallada de Piñera para los 40 años de la efeméride, cuando declaró “cómplices pasivos” de supuesto delito a los mismos que lo habían elegido presidente a él, como si salvar al país del comunismo hubiera sido una afrenta nacional, hasta hoy mismo, en que la mayoría de los chilenos (“todos, pero todos, son traidores”, me dijo un gigante canoso al salir del Sport Francais hace unas semanas) no halla qué hacer con la histórica fecha. Es que, con el tiempo, la miseria moral colectiva se ha venido acentuando.

La primera puñalada en la espalda de los uniformados la propinó Aylwin apenas asumido en 1990, creando un tribunal de facto, sesgado e ilegal, la “Comisión Rettig”, ante el cual pudo sentar a los uniformados en el banquillo de los acusados. Era Aylwin II, muy distinto de Aylwin I, que en 1973 se negaba a criticar la represión militar “desde detrás de un escritorio, cuando ellos están recibiendo el fuego”. Cosa que veinte años después aseguraba nunca haber dicho ni tampoco que los militares habían salvado al país de una dictadura comunista y de un “golpe de Praga”, frases suyas que, para su mala suerte, habían quedado perpetuadas en YouTube.

La segunda puñalada fue la del antes mentado Cheyre, que culpó al Ejército de “TODOS los hechos punibles y moralmente reprochables del pasado”, seguro de que la venganza marxista contra sus camaradas nunca lo iba a alcanzar a él, en lo cual se equivocó medio a medio. Porque la sed de lucro de los rojos no agradece nada ni perdona nada.

La tercera puñalada trapera a los que fueron llamados de urgencia por la mayoría política a salvar al país fue la de Piñera que, como candidato en 2009, prometía a los militares debido proceso para ganar sus votos y, ya electo a partir de 2010, triplicaba por la mano de Ubilla el número de querellas ilegales, inconstitucionales y arbitrarias en su contra y se convertía en coautor de la prevaricación de los jueces de izquierda que ha repletado Punta Peuco y ya va llenando Colina II, penales regionales y hasta el Centro de Detención Femenino.

Y así una fecha nacional señera va quedando entregada a la violencia de la izquierda, que predomina en prácticamente todos los medios de comunicación, cuyos dueños “se ponen a temblar” y permiten que en ellos se mienta a discreción sobre esta fecha. No en vano Michelle Bachelet decía, recién electa en 2006, “cuando la izquierda sale a la calle, la derecha se pone a temblar”. 

Unos pocos leales a la verdad histórica se reúnen en la “Corporación 11 de Septiembre” y procuran impulsar la formación del partido “Fuerza Nacional”, el único que se proclama de derecha y reconoce sus raíces en el legado del Gobierno Militar, denunciando como un grave problema chileno la dictadura judicial roja. Ésta condena a cadena perpetua de hecho, sin pruebas y atropellando las bases fundamentales del Derecho Penal ancestral, a los militares que combatieron el terrorismo extremista financiado y pertrechado por la URSS, Cuba y Alemania Oriental. 

El ministro de “Justicia y DD. HH.”, hasta 1995 documentadamente devoto de Pinochet, Hernán Larraín, y su subsecretaria Lorena Recabarren, reconocen que ya el fisco ha dado 6.200 millones de dólares a la nueva clase dorada marxista de los guerrilleros litigantes y su abogados “nouveau riches”; y que se les ha reservado otros dos mil millones en los presupuestos de los próximos cinco años. Sí, efectivamente el comunismo y la guerrilla están recibiendo “el pago de Chile”.

Entretanto, los periodistas de izquierda del canal norteamericano CNN denuncian desesperadamente que algunos suboficiales de Ejército osaron rendir homenaje a cinco uniformados asesinados por el FPMR rojo en la cuesta de Achupallas un 7 de septiembre de 1986, siguiendo las órdenes del hasta hoy impune diputado comunista Guillermo Teillier, en cuyo favor la judicatura ha declarado la prescripción que niega a los uniformados, la misma que Piñera les prometió a éstos como candidato (y no cumplió como Presidente) hacerles valer. CNN, al parecer, espera que el Ejército los dé de baja, como lo ha hecho en casos anteriores ante el más mínimo indicio de lealtad de miembros suyos. Los demás asesinos de Achupallas fueron convenientemente indultados por Aylwin II.

Chile fue salvado el 11 de septiembre de 1973 y 46 años después la principal preocupación de los chilenos (“todos, todos”) en esta fecha parece consistir en negarlo.