Siempre supe la verdad del caso Frei. Hoy considero el proceso como otra vergüenza nacional. Es que pone en evidencia lo que he llamado “la miseria moral de la chilenidad actual”, título de mi último libro. Cuando salió el escandaloso fallo del juez Madrid, el historiador Ernesto Medalla me lo mandó por mail. Leí sus 800 páginas en febrero del año pasado. Está tratado en la página 114 de mi libro, bajo el subtítulo de “La canallada peor y la final”, en el capítulo titulado “Las Desvergüenzas del Camaleón”, referido a lo segundo peor de la chilenidad actual, que es la DC. Lo primero es, por supuesto, la izquierda nacional.

Cuando quince años después de la muerte de su padre la senadora Carmen Frei promovió una acción judicial destinada a probar que se trató de un asesinato, yo era director de Banmédica y compartía la mesa del directorio con el doctor y ex senador DC Osvaldo Olguín, que había sido amigo de Frei  Montalva y nos participó su opinión de que, en la primera operación a que fue sometido, quedó un punto mal suturado, que le provocó al paciente una infección y una peritonitis tardíamente operada, y no lo fue de la manera más adecuada, lo cual derivó en su fallecimiento. 

Como repetí públicamente esa opinión, un detective me fue a entrevistar a mi casa, como parte de la investigación derivada del proceso, y le dije lo mismo . Ahora veo que, una vez más, se debate el tema en las cartas de los lectores de “El Mercurio”, donde el abogado Adolfo Paúl Latorre cita el testimonio del doctor Paris, nuevo ministro de Salud, sobre el mismo caso y que resulta coincidente a la letra con el que le oí hace más de veinte años al doctor Osvaldo Olguín.

Luego, siempre se ha sabido la verdad. Lo que pasa es que en Chile es muy fácil, mediante repetición de consignas falsas, destruir la verdad, pero eso no significa que ésta no exista. 

Por suerte tengo buena memoria y recuerdo que, en esa misma época, cuando era Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, en el consejo de redacción de “El Mercurio” su director, Juan Pablo Illanes, nos refirió que, en una reunión con el Presidente, le había preguntado por el proceso promovido por su hermana y aquél le había contestado: “Son cosas de la Carmen”. Pero después Frei hijo se cambió de bando y ha sido el más enfático en denunciar “el primer magnicidio en la historia de Chile”. Bajo el gobierno de Piñera I le fue a pedir apoyo a éste para una investigación de los restos en los Estados Unidos, en que presuntamente se iba a descubrir el envenenamiento del Presidente muerto. Piñera, que “se sube a todas las micros”, sobre todo a las que llevan a darle puñaladas traperas adicionales a Pinochet, le dijo que contara con todo su concurso para “aclarar el crimen”. Lo malo fue que el peritaje en los EE. UU. dictaminó que no había rastro de veneno.

En otra oportunidad el abogado de Carmen Frei ganó titulares declarando que la Universidad de Gante, en Bélgica, había confirmado el envenenamiento. Era Presidenta de Chile la Alta Comisionada actual, que se apresuró a dar una conferencia de prensa en La Moneda para magnificar el supuesto magnicidio. Ahí se lució su entonces ministra, Vivienne Blanlot, con su frase apocalíptica, que hizo más titulares y dio la vuelta al mundo: “El horror no termina”. Lo malo para “el horror” fue que “La Segunda” llamó a la Universidad de Gante para saber detalles y desde allá le aseguraron que no habían ningún informe sobre la causa de muerte de Frei. Era “puro humo”, una vez más. El abogado Varela, de la familia Frei, se limitó a insistir: “¡Hay un informe, hay un informe!”, después de lo cual, sin mostrar ninguno, renunció al patrocinio de la causa y desapareció de la escena para beneficio de su buen nombre.

El año pasado, publicado el fallo, desde lo alto de los altares dos figuras femeninas próximas a la DC, Marta Lagos Cruz-Coke y Sylvia Soublette de Valdés, coincidieron en sendas cartas a “La Tercera” y “El Mercurio” en que “si Pinochet mandó matar a tanta gente, lo probable es que hubiera hecho lo mismo con Frei”. El único que había intentado probar, sin éxito, que Pinochet había mandado matar gente había sido Juanito Guzmán, y su falta de pruebas arruinó su carrera. 

Pero la gente seria próxima a la DC (la hay, aunque escasa) pensaba otra cosa: Ascanio Cavallo escribió que, de seguir la extraña lógica del fallo, la conspiración para asesinar al expresidente habría ocurrido ¡dentro de la DC!

Hasta que la semana pasada el columnista habitual de “El Mercurio”, José Rodríguez Elizondo, que era comunista cuando ambos estudiábamos leyes, opinó que la tesis del asesinato era “un dato duro”, lo que lo llevó a recibir un chaparrón de testimonios realmente “duros” en contrario, aparte del del doctor Paris, como el del doctor Beca, yerno de Frei, presente en las operaciones de su suegro y que nunca ha compartido la tesis de su cuñada Carmen.

Quedan todavía instancias judiciales, pero vista la dictadura de izquierda que controla ese poder del Estado, no debemos tener la menor esperanza. Acá cualquiera que se haya lanzado al mar para salvar a un izquierdista de ahogarse y éste se ahogó, puede ser condenado por su asesinato, con una indemnización multimillonaria para la familia a expensas del Estado, que no quiero siquiera imaginar cómo se reparte. 

Son las “miserias morales de la chilenidad actual”, una omnipresente vergüenza nacional.

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