Estoy suscrito a “El Mercurio”, “Las Últimas Noticias”, “La Segunda” y “La Tercera” y acostumbro desayunar a las siete leyendo un diario. Hace poco “La Tercera” “negoció unilateralmente” conmigo y me avisó que no llegaría más los días de semana, a cambio de prolongarme la suscripción para sábados y domingos. Hace un par de días dejaron de llegarme “El Mercurio” y “Las Últimas Noticias” y cuando llamé me dijeron que debía comunicarme por internet. Al hacerlo así me respondieron que debía un largo listado de facturas, que sumaban $84 mil pesos, y cuando quise pagarlas me respondieron que no podían recibir el pago. En los años anteriores siempre me llamaba una señorita que me renovaba la suscripciones por teléfono, pero supongo que “ha sido desvinculada”. Así es que ahora desayuno con un libro y, en general, estoy menos en desacuerdo que antes con lo que leo, lo cual supongo que mejorará mi digestión del desayuno.

Pero yo leía “El Mercurio” desde antes de aprender a leer. Cuanto tenía tres o cuatro años mi madre me mostraba “El Mercurio” y me preguntaba “¿qué dice ahí?”, yo contestaba “El Mercurio” y todos los presentes celebraban. Después escribí durante 46 años en el diario y sólo me retiré cuando éste apoyó a Piñera, en 2009. Pero después siempre desayuné leyéndolo y soportando a todos sus columnistas de izquierda –que son mayoría– con perfecta serenidad, sin compartir la molestia de algunos amigos míos que han dejado de leerlo por “haberse pasado al enemigo”.

Supongo que la vida que tengo por delante será distinta sin leer “El Mercurio” al desayunar. Probablemente es otro de los grandes cambios que, anuncian, el actual trastorno general provocará en la vida de todos nosotros. La mía va ser ahora más parecida a la de la generalidad de los chilenos, que no leen ningún diario con el desayuno ni tampoco después. 

Uno no maneja su destino. Yo siempre solía decir que había dos cosas en la vida que no dejaría nunca: la María Soledad Vial y “El Mercurio”. Aparecí declarando eso una vez en la revista “Paula” y Roberto Edwards Eastman me llamó para felicitarme. Pero el 31 de diciembre de 2008 escribí por última vez en ese diario, anunciando mi partida. Con todo, “El Mercurio” sobrevivió y yo también. Y hace un par de días dejé de leerlo con el desayuno y hasta ahora he sobrevivido. Claro, sólo dos días. 

Lo que prueba que nunca uno debe decir “de esta agua no beberé”. En todo caso, el 4 de diciembre espero cumplir 60 años de matrimonio con María Soledad Vial y hasta ahora ni ella ni yo hemos considerado romper el vínculo.    

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