Pronostico que Piñera votará “Apruebo”. ¿Porque “se pasó al enemigo”? No. Porque “es” el enemigo. Si, para mal de males, cayó en la derecha hace muchos años, fue por oportunismo, no por convicción. Él era DC y trabajaba por Frei Ruiz-Tagle dentro de la DC. Me lo contó este último antes de un foro en Radio Portales, en 1989, cuando los tres éramos candidatos a senadores por Santiago-Oriente.

Ahora sostengo que va a votar “Apruebo” por tres razones: primera y principal, porque aspira a que el nombre de la persona a quien más ama, o sea el suyo, aparezca rubricando una nueva Constitución; segunda, porque siempre hace lo que dicen los comunistas, que es un rasgo definitorio de su esencia DC, partido que, también, siempre termina haciendo lo que dicen los comunistas, salvo en un breve interregno en 1973, cuando Frei Montalva y Aylwin llamaron a los militares (el segundo, incluso, “gatilló” el golpe), pero sólo para después traicionarlos en toda la línea, hasta hoy; y, tercera, porque Piñera quiere evitar a cómo dé lugar que le vuelva a suceder los del viernes en el Estadio Monumental, donde la barra brava coreó cantando, con la entonación de “Vamos Chilenos”  –lo ví y oí en un video– “Piñera, (saludos a la mamá), asesino, igual que Pinochet”. Eso él no puede permitir que se repita, al costo que sea. Lo hizo desparecer de los diarios y noticieros de TV (¿lo leyó o vio usted en alguno?) y lo hará desaparecer hasta de mi celular, les aseguro. Él sabe cómo hacerlo. 

El “Rechazo”, con todo, ha avanzado mucho. De diez por ciento que le daban las primeras encuestas a 28 % en la última Cadem. Incluso ha triunfado 52-48 en una de twitter en que participaron 68 mil personas. 

El Acuerdo de Rendición Incondicional de 15 de noviembre está tan torpemente diseñado que, en caso de triunfar el “Apruebo”, sus mecanismos no van a poder funcionar. A medida que pasen los días y sigan quedando preguntas sin contestar acerca de cómo funcionará la votación y cómo se arreglará Chile para elegir convencionales, garantizar igual número de mujeres y hombres en la Convención y luego lidiar en los mismos meses, en 2021, con el plebiscito de salida, la elección de gobernadores regionales, parlamentarios y Presidente de la República, previas las primarias correspondientes; y todo en medio del caos delictual en que nos tiene sumidos la falta de autoridad de este gobierno, lo más probable será que, en un arranque de sentido común, la mayoría se incline por el Rechazo el 26 de abril y así podamos volver a vivir tranquilos. 

Vivirmos de nuevo tranquilos si, sobre todo, en 2022 asume un nuevo Presidente capaz de hacer respetar el orden interno y mantener el principio de autoridad. 

¿Un milagro? Sí, otro: uno salvó a Chile en 1973. Un segundo lo salvó en 1978, cuando una tormenta desarticuló a la armada argentina que nos venía a invadir, a minutos de romperse las hostilidades. ¿Cómo un tercer milagro no va a poder salvarnos en abril del mal mayor que han representado Piñera y su rendición incondicional?

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