Cuando apareció la Declaración de Principios del Partido Republicano (en formación) sin contener una sola traza de reconocimiento al Gobierno Militar ni la más mínima referencia al principal problema nacional de nuestro tiempo, que es la pérdida del estado de derecho (rule of law) a manos de una dictadura judicial de izquierda que ha atropellado las leyes, violado el debido proceso y, así, demolido una de las bases de la institucionalidad, supe que algo andaba mal, pero muy mal.

Y en seguida me di cuenta de que, en realidad, todo podía ser todavía peor, cuando prohombres del Sí, como Ignacio Urrutia y Gonzalo Rojas Sánchez, salieron a contradecir públicamente mis críticas a esa defección republicana, justificándola. El primero hasta se permitió inventar una conversación conmigo en que él se quedaba con la última palabra, espetándome: “¡Entonces ándate a Fuerza Nacional!”. Que fue precisamente lo que hice. Pues Fuerza Nacional, a todo esto, había iniciado sus trámites para formar un partido de ese nombre y en su Declaración de Principios sí estipulaba exactamente todo lo que yo extrañaba que no estuviera en la republicana: el reconocimiento a la Segunda Independencia de Chile lograda en 1973 por el Gobierno Militar, al salvarnos del comunismo; y la mención del peor problema nacional de la actualidad, la persecución ilegal de los jueces de izquierda contra los militares, con el consiguiente quebranto de la institucionalidad, al derogarse de facto el debido proceso y el estado de derecho.


Pero incluso las cosas peores pueden todavía empeorar y ha sido así que en estos días me ha llegado el video de la participación de José Antonio Kast, el único candidato del Sí en la elección presidencial pasada (donde tuvo exitosa participación y dobló en votos a la DC) diciendo tajantemente: “No soy pinochetista”. Todavía incrédulo, leí en “El Mercurio” del 22 de agosto último que el diputado RN Cristóbal Urruticoecha “estaría evaluando dejar su colectividad para arribar al movimiento de Kast, intención que, aseguran, se podría concretar en el corto plazo”. Añade el diario: “El parlamentario, no obstante, le habría expresado (a Kast) durante la conversación algunas dudas respecto al carácter ‘pinochetista’ y ‘radical’ que tendrían algunos adherentes al movimiento frente a algunas materias. Kast, por su parte, le habría entregado garantías de que él está lejos de pertenecer a ese sector y que el partido no se hará dueño de esas banderas”.


Quedó clarísimo y esto último concuerda con la omisión de toda referencia, en su Declaración de Principios, al 11 de septiembre y a la prevaricación de la dictadura judicial de izquierda. En esto, dicho sea de paso, hay coincidencia total del Partido Republicano en formación con las Declaraciones de Principios de RN y la UDI, convenientemente modificadas para adaptarlas a su nueva condición actual de partidos del No, en la estela de Sebastián Piñera, que tras un transitorio y ágil salto al Sí al inicio de la campaña de Büchi en 1989, antes y después de eso había sido y continuó siendo un paladín del No.
Desde luego, el “no soy pinochetista” reciente de Kast lo traslada automáticamente a él también al No, porque el Sí fue, como todo el mundo sabe, la afirmativa a un nuevo gobierno de Pinochet, lo que implicaba que ser del Sí demandaba ser pinochetista. Luego, la declaración de no ser esto último comunica un traslado al No del declarante. Lo que nos faltaba: José Antonio Kast, el único candidato presidencial del Sí, se nos fue ahora al No.
Esto nos traslada, a los que seguimos siendo del Sí, a un nuevo escenario en que nos veremos precisados a votar por un “mal menor”. Pues, como informó “La Segunda” del sábado 17 de agosto y ratifico yo aquí y ahora, el único partido del Sí existente, Fuerza Nacional (en formación y con sus antecedentes presentados al Servicio Electoral) me ofreció ser su candidato presidencial, en carta firmada por toda su directiva, a la cual yo respondí que, habiendo recibido con entusiasmo esa proposición, la sometí a un consejo de familia urgente y vehementemente encabezado por mi cónyuge, el cual por firme unanimidad me pidió deponer mi antes referido entusiasmo ante la idea y declinar el ofrecimiento, cosa que, sumisamente, comuniqué a Fuerza Nacional, agradeciéndole la distinción en términos que “La Segunda” parcialmente reprodujo. En consecuencia, no se divisa en el horizonte político ninguna otra figura representativa del Sí a Pinochet que pueda competir en la próxima elección presidencial.

En conclusión, los que pertenecemos a esa corriente y consideramos como los peores problemas nacionales la desfiguración de la verdad histórica reciente y la consiguiente destrucción del debido proceso y del estado de derecho por la dictadura judicial imperante, consideramos que, en ausencia de un candidato del Sí, deberemos votar por José Antonio en condición de mal menor frente a las demás alternativas del No que competirán por alcanzar el gobierno en 2021 y todas las cuales, a primera vista, son mucho peores.
El destino parece habernos condenado, una vez más, a semejante fatalidad, que tendrá lugar a menos que aparezca un postulante de nuestras ideas que reemplace al que creíamos tener.