La opinión pública está sorprendida del insólitamente poco miedo a los marxistas que exhibe un grupo de parlamentarios de ChileVamosEntregándonos, pues se niegan a votar a favor un nuevo atentado de Piñera contra los derechos básicos de los Presos Políticos Militares, al marginarlos del beneficio de prisión domiciliaria a los más ancianos, que un proyecto suyo concede a los demás presos.

Entretanto tres ex ministros de Justicia del 5° Gobierno de la Concertación de Piñera, Patricia Pérez, Felipe Bulnes y Juan Ignacio Piña, aparecen firmando una carta a “El Mercurio”, junto a Soledad Alvear y Luis Bates, ex ministros de Justicia del 2° y 3er. gobiernos de la Concertación de Frei y Lagos, llamando justamente a perpetrar la nueva discriminación contra los PPM. 

Los tres primeros tienen un destacado currículum entreguista. Patricia Pérez mandó a las bodegas del ministerio, cuando ejercía el cargo, la historia del mismo de Patricia Arancibia, historiadora de derecha que había recibido el encargo de un antecesor de Pérez. Objetó el texto porque llamaba “Joaquín Prieto” al, según ella, presidente “José” Joaquín Prieto. Pero el historiador Fernando Silva Vargas, en carta a “El Mercurio”, precisó que la fe de bautismo de Prieto decía que se llamaba sólo “Joaquín”, no obstante lo cual la edición sigue, supongo, condenada y en las bóvedas del ministerio. 

A su turno, Bulnes se distinguió por no cursar el decreto de indulto del general (r) Odlanier Mena, preso político condenado pero inocente y afectado de enfermedad terminal, que Michelle Bachelet había dejado listo en 2010 para que Piñera lo cursara, lo cual revelaba lo poco que conocía a Piñera.

Pues éste no sólo no lo cursó, sino que, en medio del aplauso comunista (la hoz y el martillo sobre la reja del penal), ordenó el traslado de Mena y otros desde Cordillera, recinto anexo a un regimiento y aceptable para altos oficiales presos políticos, a Punta Peuco, provocando el suicidio de aquél, ya imposibilitado de recibir allí tratamiento para su mal. 

Y Piña pasó de abogado detractor, con buenos argumentos jurídicos –conservo el texto de una brillante conferencia suya probando la prevaricación de los jueces de izquierda– a entreguista destacado, primero como subsecretario y luego presidente del Consejo de Defensa del Estado, defendiendo la anulación de los “procesos de la FACH” de 1973 y 1974, sentida aspiración de los aviadores allendistas que preparaban el golpe rojo del ’73.

Sorprende la firmeza actual para plegarse a la nueva traición de Piñera y su ministro Hernán Larraín, de esos parlamentarios de UDI y RN. Ella resulta inesperada, justo después del supremo acto de entreguismo que recientemente protagonizaron, cuando sólo un solitario diputado, Sergio Bobadilla, votó en contra de la nueva reforma constitucional postergando el plebiscito del 26 de abril. 

La Patrona de Chile lo había frustrado y dejado a firme la Carta de 1980, poniendo término a la chacota constitucional gestada a partir de la rendición de Piñera, un presidente sin pantalones, ante la violencia revolucionaria, el 15 de noviembre. Entonces éste y ChileVamosEntregándonos le dieron así sobrevida a la insurrección, al concurrir con sus votos a fijar nueva fecha al plebiscito, sin el cual se terminaba todo. Al parecer, un número suficiente de parlamentarios suyos consideraron que, después de eso, ya no podían desmayar de nuevo y seguir rindiéndose vergonzosamente ante la izquierda subversiva y su carnal Piñera. Y detuvieron la nueva discriminación de éste contra los PPM.

Recuerdo cuando hace veinte años “El Mercurio” publicaba destacadamente en su crónica la carta del brigadier Miguel Krassnoff, poco antes obligado a retirarse del Ejército por la persecución política y el entreguismo post Pinochet, comunicando que iba a entrar a presidio “por presunción” de mantener secuestrado desde decenas de años a un tal Miguel Ángel Sandoval, mirista al que nunca había visto ni conocido ni menos interrogado en su vida. Una de las primeras “ficciones jurídicas” de la dictadura de izquierda que impera hasta hoy y ha llenado los penales de ex uniformados. 

Lo notable es que a los PPM, cuando han cumplido el plazo, les niegan la libertad condicional “porque no se arrepienten” de mantener secuestradas por tantos años a personas que jamás vieron en su vida. Y ahora bautizaron esas versiones imaginarias, labradas por legiones de testigos rojos que mienten impunemente bajo juramento (“lo reconocí por el perfume”: jamás ha usado perfume; “se comió mis tallarines al llegar a detenerlo”: le cargan los tallarines) como “verdad judicial”.  

Lo malo es que bajo la conducción del sujeto que se fue a retratar a la Plaza Italia cuando la Patrona de Chile se la despejó, pues él no había sido capaz de hacerlo, el único destino que nos espera después de superado el contagio es el retorno de la violencia y la consagración de logros buscados por los insurrectos.

Siempre pensé, dije y escribí que Piñera como presidente era nefasto. Ahora el país entero y hasta los parlamentarios de ChileVamosEntregándonos se dan cuenta de cuánto.
  

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