Con todo lo que nos ha costado a lo largo de la historia ser top-one de cualquier cosa, ningún medio masivo ha publicado ni destacado que ahora lo seamos holgadamente como el país que más contagios de coronavirus tiene en el planeta: sobre ocho mil por millón de habitantes, sin que ninguna otra nación pueda alcanzar siquiera a siete mil.

Hay que celebrar este top-one porque la historia de nuestros logros mundiales está plagada sólo de segundos lugares: Manuel Plaza en Amsterdam, a fines de los 20, derrotado por El-Ouaffi a la entrada del estadio, en la maratón olímpica; “Tani” Loayza, que iba ganando la pelea por un título mundial de boxeo en los mismos 20 cuando el árbitro le pisó un pie y lo lesionó, haciéndolo perder el combate; Arturo Godoy, dos veces desafiante, por el título de los pesados, de Joe Louis, en los 40, el cual en una oportunidad ni siquiera pudo noquearlo, pero en ambas lo ganó; Marlene Ahrens, segunda en la olimpiada de Melbourne en 1956; Godffrey Stevens y Martín Vargas, ambos derrotados en la definición de títulos mundiales más tarde; De Iruarrízaga, plata en tiro en Seúl 88. Sólo tenemos dos top-one, que yo recuerde: Juan Enrique Lira, campeón mundial de tiro skeet en los 60 y Marcelo Ríos, top-one del tenis en los 90. 

Pero un logro planetario colectivo de la nación, como éste de ahora, sólo podría tener parangón en la elección por voto popular de un marxista-leninista para presidente en 1970, proeza nunca antes consumada por ningún otro electorado en la Tierra.

¿Cómo hemos alcanzado ése y el actual logros planetarios? En parte está explicado en mi blog titulado “Imbéciles”, del 28 de abril último, que ha conseguido 8.644 lectores a la sazón, siendo que normalmente me cuesta atraer más de mil. O en mi otro blog  “¿Qué se Siente, Sebastián?” del 22 de noviembre del año pasado, que consiguió 14.162 lecturas y, cuando lo grabé para You Tube obtuvo un cuarto de millón de visitas, fue trending topic en las redes y ocasionó que me convidaran al matinal Bienvenidos, de canal 13, de donde me expulsaron por decir lo que pienso del gobierno militar, motivando que el dueño del canal pidiera perdón por twitter a la teleaudiencia por la grave falta cometida al invitarme.

¿Cómo lo hace Nueva Zelandia, última en el ranking de los contagiados, pues ya no los tiene? Comportándose cada habitante suyo a la inversa de los chilenos, es decir, respetando  las normas, obedeciendo a la fuerza pública, no destrozando el mobiliario urbano ni los semáforos ni incendiando iglesias ni destruyendo el metro; no violando las leyes ni la Constitución ni liberando y dando millones a los terroristas junto con meter a la cárcel a los militares, es decir, no liberando a un FPMR, Espínola Robles, que estaba condenado a perpetuidad en juicio. mientras se condena a perpetuidad, contra la ley y sin  pruebas, al brigadier (r) Krassnoff, condecorado en 1975 con la Medalla al Valor por sus éxitos contra el terrorismo.

Claro, es que hasta 1990 este era otro país, tanto que había paz en la Araucanía y los lonkos condecoraban al Presidente de la República de entonces como su “jefe, conductor y guía” (“ullmen f’ta lonko”). En fin, era el Chile que decía “Adiós América Latina” (el otro Lavín dixit) y nos parecíamos cada vez más a Nueva Zelandia.

Creo que este top-one mundial de ahora lo vamos a conservar porque, cuando pase la pandemia, vamos a recaer en manos de la extrema izquierda que ya nos liquidó entre 1970 y 1973 y entre octubre y diciembre de 2019, cuando el gobierno se rindió a ella el 15 de noviembre y así nos puso en la senda de reeditar la única otra corona mundial colectiva obtenida hace casi 47 años atrás.

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