La mano blanda tiene al país en una crisis parecida a la de 1973. Cuando los revolucionarios de siempre, con el apoyo de los kerenskys de siempre, le intimaron rendición a Piñera el 12 de noviembre del año pasado –como bien ha recordado Lucía Santa Cruz en “El Mercurio” del 14– éste levantó los brazos, se rindió y entregó todo, hasta la Constitución. 

Fue el colmo del entreguismo. Pero por lo menos no renunció. Los insurrectos, desde comunistas a democratacristianos, decían que “el proceso constituyente ya estaba establecido por la vía de los hechos”. Pues no tenían fuerza en el Congreso para imponerlo. Chile Vamos, en cambio, tenía los votos para impedir la asonada que buscaba establecer una Asamblea Constituyente. Pero se rindió junto con Piñera el 15 de noviembre. El entreguismo de la derecha llevado a su máxima expresión.

La consecuencia es que hoy el país está en vilo, pendiente de un plebiscito que no estaba contemplado en nuestra institucionalidad. Es decir, si Piñera les decía que no a los insurrectos, que no se rendía o no les decía ni daba nada ¿quién lo iba a echar? Nadie. Las Fuerzas Armadas y Carabineros tenían la obligación de defenderlo. La “primera línea” y la cohorte de vándalos, saqueadores y pirómanos no les aguantarían a las mismas “ni una crujida”, como le recordaba Pinochet a Prats el ’73. Y como se vio claramente entre el 11 de septiembre y el fin de ese año, en que se produjeron 1.800 de las tres mil bajas de la confrontación con los subversivos, pero el país quedó pacificado. Y así el país que menos crecía (o más decrecía) en América Latina el 73 fue devuelto a los civiles en 1990 como el de mayor crecimiento del hemisferio (sobre 10 % en 1989). Ni siquiera había en 1990 un conflicto en la Araucanía, cuyos caciques habían proclamado a Pinochet “Jefe, Conductor y Guía”. ¡Cómo lo añoran hoy en esa región! Incluso más que en el resto del territorio.

Ahora dependemos de un plebiscito concedido por el entreguismo. Yo no me atrevo a hacer un pronóstico, porque la masa ha sido engañada por muchos años y cree que sus malestares y estrecheces provienen del modelo de sociedad, cuando, en realidad, éste le ha entregado al Estado recursos para los pobres más que suficientes para que el 20 % más pobre tuviera un ingreso que lo pondría entre el 5% más rico: 2,5 millones de pesos al mes, si el “gasto social” fuera a las personas en lugar de ir a la burocracia izquierdista (ver Encuesta Suplementaria de Ingresos del INE, 2015). La plata se la lleva una clase funcionaria izquierdista dorada, donde los inspectores de DD. HH., que vigilan a los carabineros, ganan $ 4,5 millones al mes y todos los burócratas más que en funciones equivalentes del sector privado. ¡El malestar social no se debe al modelo sino a la burocracia, que se queda con el grueso de la plata que él genera para los pobres! Esa es la gran reforma que se debe hacer en Chile: la del Estado burocrático y despilfarrador.

Luego, si la insurrección, es decir, el Apruebo, gana el plebiscito, será sobre la base de un diagnóstico económico-social equivocado, porque la plata para quienes más la necesitan está, pero se la llevan los violentos.

La gente sabe que se necesita mano dura, porque Pinochet la aplicó y el país se pacificó. Y el modelo de sociedad que instituyó le ha brindado los mejores treinta años de su historia: democracia estable, crecimiento económico, mejoramiento social y más igualdad (el coerficiente Gini bajó de 0,57 a 0,46). Pero hoy hay violencia y mano blanda ante ella, así es que el país está en retroceso en todo sentido y el miedo campea en la sociedad. Y con ella Piñera no ha sacado nada, porque los antisociales, cada vez que se reúnen gritan “Piñera asesino, igual que Pinochet”. Pero bajo éste había paz y orden, mientras bajo el primero se vive un caos en medio del cual nadie sale tranquilo de su casa y menos si lo hace en un automóvil.
Yo no me atrevo predecir el resultado del plebiscito. En las encuestas de las redes sociales gana el Rechazo, salvo en una, atribuida al Ministerio de Educación, que terminó empatada. Las encuestas de firmas especializadas predicen que ganará el Apruebo, es decir, los que promueven “un nuevo modelo político, económico y social”, supuestamente un socialismo del siglo XXI. Pero una firma encuestadora, Cadem, ha renunciado a medir este plebiscito, porque el triunfo del Rechazo en las redes le impide confiar en sondeos que indican lo contrario.

En el pasado siempre la mayoría ciudadana, ante la amenaza del caos, apoyó la mano dura. Por eso eligió sorpresivamente a Ibáñez, ex dictador, en 1952; a Alessandri, al cual se le atribuía también mano firme, en 1958; y apoyó a la Junta en 1973. 

Pero nunca antes, como ahora, había habido tres décadas previas de lavado cerebral masivo y eso cambia por completo el panorama electoral. Ni había habido tanto entreguista en la derecha ni los kerenskys se habían unido, pese al caos, a la insurrección. “Dios nos pille confesados”. 

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