Si usted cree que el episodio del inserto en “El Mercurio” fue intrascendente, está muy equivocado. Ese inserto probaba que si no hubiera habido un 11/09/73, Chile habría sido como Venezuela hoy. En realidad, al 10/09/73 Chile era como la Venezuela de hoy, pero no se iban más chilenos a otros países porque todo el mundo sabía que el gobierno de Allende iba a caer. La mayoría de los partidos les había pedido a las Fuerzas Armadas y Carabineros derrocarlo. El dólar negro, que siempre sabe más, había comenzado a bajar, de tres mil quinientos escudos a tres mil (el cambio oficial era de 25). El inserto del último 11 justamente probaba que Chile en 1973 era como Venezuela hoy, pero el lavado cerebral ha sido tan intenso que hasta se dice que podría ser delito citar testimonios irrefutables e irrefutados al efecto.

Fue raro que “El Mercurio” aceptara publicarlo. Hace algunos años quisimos publicar una página del propio Mercurio de 1986 con los retratos de 47 uniformados asesinados por terroristas, y el diario no la admitió. Fuimos  a “La Tercera”, que también había publicado esa página en 1986 y, tras censurarla con rayones de tinta negra a su gusto, la publicó, a un costo de $13 millones. Pero los periodistas de izquierda del diario hicieron una manifestación de protesta y se nos dijo que no volviéramos a celebrar el 11 de esta manera en sus páginas.

Ahora setenta periodistas y funcionarios de “El Mercurio” posaron a la entrada del diario, como se estila para los aniversarios de la empresa, declarando repudiar la publicación del inserto. Saben que controlan la situación. El diario ya está advertido. En su línea editorial y en el Grupo de Diarios América podrá ser un adalid de la libertad de prensa, pero que no pretenda practicarla en sus propias páginas, porque su personal de izquierda se lo impedirá.

Y no en vano ha cambiado su opinión editorial, tras haber sido un baluarte del Gobierno Militar. Hoy está, ni más ni menos, en la línea interpretativa del Partido Comunista. Que, por lo demás, es compartida por el resto de la prensa, La Moneda, la casi totalidad del Congreso y la dictadura judicial que controla los Tribunales. Sobre el debate a que dio lugar el inserto del último 11, “El Mercurio” dice hoy domingo, ni más ni menos: “Durante largo tiempo, fue ésta una discusión sobre responsabilidades. Pudiendo haber quedado reducida a una repetitiva atribución de culpas por parte de los distintos sectores, también dio pie, sin embargo, a ejercicios más valiosos en la búsqueda de identificar las causas que llevaron al quiebre democrático y a los graves atropellos que lo sucedieron”. “¡Los graves atropellos que lo sucedieron!” A eso se redujo el gobierno 1973 – 1990 para “El Mercurio”. ¿Ganaron o no los comunistas en el frente de opinión pública?

Esa frase lo dice todo sobre la actual postura del diario: después del “quiebre democrático” vinieron “los graves atropellos que lo sucedieron”. El baluarte de opinión pública de la revolución militar chilena 1973-1990 ha virado de tal manera que describe a los 17 años con esa ominosa frase. 

Es que al fin los comunistas han logrado que todo el mundo diga lo que ellos dicen y hasta que todo el mundo haga lo que ellos hacen. Cuando yo era joven e indocumentado oía decir al entonces (y después para siempre, hasta su muerte) Secretario General del Partido Comunista, Luis Corvalán, bajo el gobierno de Frei Montalva y refiriéndose a los DC: “Presiónenlos, presiónenlos, hasta que hagan lo que nosotros decimos”. Los presionaron y presionaron hasta que los DC terminaron votando por ellos para que se hicieran del gobierno en Chile (Allende fue elegido con los votos DC en el Congreso Pleno de 1970).

Los comunistas tienen pocos indios (votos) pero buenos caciques. Tanto que Piñera hizo suya la idea de rebajar las horas de trabajo, hizo suyo el “ente estatal” comunista para la cotización adicional del 4 %; hizo suya la “ley de la jibia” comunista, tal como había hecho suyo el proyecto comunista de cerrar el penal “Cordillera” y hacinar Punta Peuco. Piñera hace lo que ellos dicen.

En materia judicial se ha impuesto la jurisprudencia roja. El propio Mercurio, en editorial de 14 de noviembre de 2007, decía que un fallo que había acogido la prescripción en favor de militares defendía “las bases del régimen democrático”. Luego vinieron la mayoría de izquierda en los tribunales y las mil querellas de Piñera pidiendo desconocer esas bases y la prevaricación de los jueces se convirtió en la norma habitual. “El Mercurio” nada dijo. ¿Por qué? Porque ahora piensa que el 11 de septiembre de 1973 comenzaron “los graves atropellos que lo sucedieron”. Ya no puede decir otra cosa, pues si sólo publica las opiniones de terceros que discrepan, su personal se alza en protesta y el diario es amenazado con acciones judiciales.

Chile se salvó en 1973 de convertirse en la Venezuela de hoy. Pero sólo para hacer hoy lo que los comunistas ordenan y para decir lo que ellos dicen.