Es increíble el grado en que el país es manejado por los comunistas, que tienen el 5 % de los votos. Piñera ya es sólo un parlante de resonancia de lo que ellos dicen. Por eso estamos metidos en un plebiscito discurrido por ellos. Pero a mí no me manejan y, como eso les resulta un problema, han hecho aprobar ya en la Cámara un proyecto de ley para meterme preso. Uno de sus impulsores, el senador chavista Alejandro Navarro, hasta lo llama “Ley Hermógenes”, porque, en el fondo, soy el único que refuta a los comunistas. 

Por ejemplo, todos los demás, pero absolutamente todos (incluida Macarena Santelices, sobrina de Pinochet, destituida recientemente de un ministerio por serlo) reconocen a coro que “el gobierno militar violó los derechos humanos”. Ella dice que negarlo es “tapar el sol con un dedo”. Yo no concedo eso y (lo más imperdonable) pruebo que no fue así. 

Ayer leí en “La Segunda” al columnista Luis Cordero Vega, abogado. Posiblemente no es comunista, pero afirma que es lícito limitar la libertad de expresión cuando se “trivializan los delitos contra la humanidad”. Concuerda en censurarme.

El propio Consejo de Ética de los Medios de Comunicación, formado por entidades privadas para defender la libertad de expresión, concluyó que mi expulsión del programa “Bienvenidos” configuró “una falta a la ética periodística”, pero me responsabilizó de ello a mí, aludiendo al “daño que se produce a las audiencias por la entrega de un mensaje inadecuado”. 

Es decir, cuando una opinión le parece a alguien “inadecuada”, está bien censurarla. Por eso el dueño del canal, Andrónico Luksic, pidió públicamente perdón a la teleaudiencia por haberme convidado al programa. Pero ¿qué es una opinión “inadecuada”?

Resultó tan notorio el apoyo del Consejo a la censura que el ex miembro de él, Abraham Santibáñez, escribió a “El Mercurio” diciendo que el fallo tiene una redacción “insuficientemente clara y poco categórica” y que, tratándose de “un atropello a un principio fundamental, el Consejo debió ser más claro”. Porque, en el fondo,ese Consejo hizo lo mismo que el dueño del canal. Es decir, también sigue a la letra el instructivo comunista: no se puede emitir una opinión como la mía.

Como yo insisto en hacerlo, aunque me halle reducido a este blog, se prepara una ley para mandarme preso. Ley aprobada con la abstención de algunos parlamentarios de derecha, que siguen la línea de Piñera: hacer posible todo lo que los comunistas ordenan hacer. 

Por ahora, Piñera está empeñado ni más ni menos que en derogar la Constitución vigente, que molesta en extremo al partido rojo, fundamentalmente porque no le permite apropiarse sin pago de la propiedad privada, que quiere traspasar al Estado, porque el Estado lo maneja él. “He ahí la madre del cordero”.

El argumento públicamente presentado es que “se trata de cambiar la Constitución de Pinochet”, pero un estudio realmente genial del profesor Jaime Arancibia, de la Universidad de los Andes, ha probado que el texto vigente de la Constitución proviene, en un 22,16 %, es decir, en más de la quinta parte, de las Constituciones chilenas anteriores, es decir, “no fue obra de Pinochet”. Y que, además, proviene en un 46,03 % de las reformas pósteriores a 1990, es decir, de los gobiernos de centroizquierda, de modo que tampoco “fue obra de Pinochet”. Así es que menos de un tercio de la Carta actual tuvo su origen en el gobierno militar. Pero, pese a ello, los comunistas quieren cambiarla toda porque su propósito último es, repito, poder terminar con la propiedad privada y traspasarla al Estado, que manejan ellos. 

Pese a esa evidencia, hay hasta elementos de derecha que se atropellan para votar “Apruebo” a la iniciativa roja. Es increíble el “entreguismo”, no sólo de los políticos, sino de los empresarios.

Con una derecha política rendida a la izquierda y una clase dirigente empresarial proclive a someterse al comunismo, no en vano la gente pensante, que si bien es poca, en su mayoría no es tonta, ve con extremo pesimismo el futuro nacional.

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