La ironía suprema es que Chile eligió a Piñera en 2017 para evitar convertirse en Chilezuela, como le ofrecía Guillier, el candidato de izquierda. Un porcentaje del electorado, que es de mayoría izquierdista, en 2017 se cambió a la derecha ante la visión de la escasez y la falta de democracia en Venezuela. Pero en estos días hemos visto que ahora Piñera encabeza la conversión de la otrora “joya más preciada de la corona latinoamericana”, precisamente en Chilezuela, al iniciar el tránsito hacia una “Asamblea Constituyente”, la cual sabidamente fue allá el preámbulo de la pérdida de la democracia, la libertad y la prosperidad.

En un ilustrativo video que muchos hemos recibido se observa el gráfico del tránsito, en los últimos veinte años, de Venezuela desde el primer lugar en ingreso per cápita en América del Sur en 1990 a uno de los últimos hoy, junto con el tránsito chileno del noveno lugar al primero. 


La mayoría no podía saber que hoy, diciembre de 2019, Piñera levantaría las manos en señal de rendición ante la violencia callejera de sus adversarios y, en lugar de restablecer el orden público con energía, patrocinaría una Asamblea Constituyente que, ya fuere llamándose “Convención Ciudadana” o “Convención Mixta”, está llamada a ser el preámbulo de nuestro propio “socialismo del siglo XXI”.

Tanto así que en el acto público de rendición incondicional para llegar al Acuerdo con sus adversarios empleó los términos que éstos usan para referirse a la nueva Constitución que, se supone, surgirá de la Asamblea Constituyente: “la casa de todos”. Así la izquierda alude a la nueva Carta Fundamental en ciernes. Esta es la culminación de un proceso que G. K. Chesterton describía como la tarea de enseñarles a las personas a llamar “derechos” a sus aspiraciones personales y “abusos” a los derechos de los demás, la cual culmina con la muerte de la sociedad libre.
Los dos últimos años del gobierno de Piñera van a servir, precisamente, para darle un marco constitucional a la pérdida de nuestra democracia y nuestra libertad. Esto lo entiende bien el propio Piñera, pues, “si donde está tu dinero está tu corazón”, según la denuncia del senador independiente Bianchi, el “family office” Piñera Moreal habría destinado parte de su patrimonio a invertir en la Bolsa de Colombia. Esto querría decir que hasta en los más altos círculos del poder nacional se ve con pesimismo el futuro económico del país. Yo no sé por qué el senador Bianchi expresó tamaña alarma ahora, cuando fue público y notorio que ya también en 2010 el entonces presidente Piñera, en su primer mandato, invirtió en el exterior, en paraísos fiscales, el 72 % de su patrimonio, tras poner a nombre de sociedades de sus hijos y nietos los dineros provenientes de la venta de sus acciones de LAN. Lo decidor era que. precisamente en ese tiempo, su gobierno alzaba los impuestos a los contribuyentes que seguíamos con nuestro patrimonio acá.
Lamentablemente las encuestas ahora señalan que entre el 73 y el 90 por ciento de la opinión pública se manifiesta dispuesto a votar en abril por que haya otra Constitución, mientras sólo entre el 6 y el 10 por ciento sería partidaria de votar “No” y conservar la actual, en el “plebiscito de entrada”. Si vence el “sí”, los dos años siguientes serán de extrema incertidumbre, pues habrá una “hoja en blanco” en la cual nadie podrá predecir lo que se va a escribir. Por lo tanto, el derecho de propiedad será completamente incierto. Esto es lo mismo que decir que nadie o muy pocos van a invertir en un país bajo esas condiciones y en el que, por añadidura, no hay capacidad para garantizar siquiera la propiedad y el orden público frente a los atropellos de la violencia extremista.. En otras palabras, la crisis a la cual hemos entrado, con la consiguiente recesión económica, se va a prolongar durante todo el desempeño de la Asamblea Constituyente, paso previo a convertirnos en la Chilezuela de la escasez, la inflación y el éxodo hacia países  civilizados como lo era Chile cuando todavía se le consideraba un “oasis” de estabilidad y se creía que tenía un gobierno.
No me siento personalmente responsable del desastre, porque no voté por Piñera y siempre procuré influir para que no fuera siquiera candidato, pero fui desoído. En todo caso, ha sido una buena lección para quienes me insistían en que votar por él era el mal menor y la única manera de que Chile no se convirtiera en otra Venezuela. Yo les contestaba que era “el mal mayor” y creo que ahora se está probando que tenía razón, pues nos estamos convirtiendo en otra Venezuela justamente de la mano de Piñera, mientras nosotros nos quedamos con nuestra plata acá y él se la lleva a un lugar más seguro.


Todavía es tiempo de “decir que no” en abril, pero si hasta los principales medios de comunicación y el gobierno y los políticos de derecha son funcionales a la izquierda, como se ha demostrado en estos días en que se censura a las voces que claman por algo tan mínimo como restablecer la ley y el orden en las calles, el futuro de nuestra sociedad libre no puede ser más negro.

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